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Anarquismo, ¿Utopía o Realidad posible?

… sin gobierno salisteis del vientre de vuestra madre…
Y sin gobierno os iréis, u os llevarán a la sepultura…
(Don Quijote de la Mancha. Parte II , Cap. V)
anarquismo

La palabra Anarquía es un concepto mal entendido, tergiversado. Se considera un movimiento profundamente negativo, que exalta el desorden y el caos, y lo lleva acabo a través de actos violentos. Asimilación que surge de postulados tomados fuera de contexto, y como herramienta para desprestigiar un movimiento tan significativo como ha sido el Anarquista. El Anarquismo no pretende suplantar el orden por el desorden, sino la creación de una so ciedad que no tenga reglas ni leyes porque estas no son necesarias, salvo las puramente innatas en el ser humano. Una sociedad sin Estado, sin propiedad privada, sin clases sociales. Una sociedad natural. Que se sustente bajo los principios de solidaridad y ayuda mutua entre las personas, desarrollados espontáneamente.
Ciertamente que la idea de una sociedad sin Estado provoca un vacío, una sensación de inseguridad, un no se qué que… La misma sensación produce pensar en una sociedad sin capital privado, sin clase política, sin jerarquías sociales.

Todos hemos sido amamantados con los pilares y los adoquines de los siglos, con las funciones divinas del Estado, con la explotación de los sustentadores del capital por el resto. Para mantener estos prejuicios inmutables se han inventado y enseñado sistemas filosóficos, decretado leyes, costumbres, periódicos, revistas, programas de televisión.
Como decía P. Kropotkin: “Toda la política se funda en ese principio, y cada político, cualquiera que sea su matiz, dice siempre al pueblo: – ¡Déjame el poder; quiero y puedo librarte de las miserias que pesan sobre ti!- Abrid cualquier libro de sociología, de jurisprudencia, y encontraréis en él siempre al gobierno, con su organización y sus actos, ocupando tan gran lugar que nos acostumbramos a creer que fuera del gobierno y de los hombres de Estado ya no hay nada. La prensa repite en todos los tonos la misma cantinela. Columnas enteras se consagran a las discusiones parlamentarias, a las intrigas de los políticos; apenas si se advierte la inmensa vida cotidiana de una nación en algunas líneas que tratan de un asunto económico, a propósito de una ley, o en la sección de noticias o en la de sucesos del día. Y cuando leéis esos periódicos, lo que menos pensáis es en el inmenso número de seres humanos que nacen y mueren, trabajan y consumen, conocen los dolores, piensas y crean, más allá de esos personajes de estorbo, a quienes se glorifica hasta el punto de que sus sombras, agrandadas por nuestra ignorancia, cubren y oculten a la humanidad”.
El historiador anarquista Rudolf Rocker dijo que: “la propia libertad no es un concepto absoluto, sino relativo, pues tiende constantemente a expandirse y a afectar a círculos cada vez más amplios con una diversidad creciente.

Para el Anarquista, la libertad no es un concepto filosófico abstracto, sino la posibilidad concreta y vital de cualquier ser humano para llevar a su pleno desarrollo todos los poderes, capacidades y talentos con los que le ha dotado la naturaleza y obtenga de ellos un provecho social”.
¿Qué poderes, capacidades y talentos nos ha otorgado la naturaleza para obtener de ellos un provecho social?
¿Realmente, somos libres?
¿Soy libre con una hipoteca que me asfixia? ¿Con unos alimentos que suben cada día más sin saber por qué? ¿Por el gasoil que restringe mis pasos?
¿Soy libre cuando aún existen: tributos, condes, reyes, escalas sociales?
¿ Soy libre cuando me siento alienado en mi trabajo( si tengo la suerte de haber nacido en un país desarrollado) o explotado, pisoteado, exprimido como una naranja, gota a gota hasta quedar abierta, seca, moribunda (si he nacido en Latinoamérica, África o Asia).
“La liberación seria, definitiva y completa de los trabajadores sólo es posible con una condición: la apropiación del capital, es decir, de sus materias primas y del conjunto de instrumentos de trabajo, incluida la tierra, por la totalidad del cuerpo de los trabajadores”. (Rudolf Rucker)
Y ahora pensemos: una nueva forma de posesión requiere una nueva forma de retribución. Una nueva forma de producción no podría mantener la antigua forma de consumo, como no podría amoldarse a las formas antiguas de organización política. ¿Qué significa esto?
N.Chomsky expone que el problema de liberar al ser humano de la maldición de la explotación económica y de la esclavitud política y social, sigue siendo el problema de nuestro tiempo. Rocker con el mismo planteamiento que Chomsky, aunque muchos años antes, formula que el método para liberar al ser humano no es ni la conquista del Estado y el ejercicio de su poder, ni el entontecedor parlamentarismo, sino que, por el contrario, consiste en: reconstruir la vida económica de los pueblos desde la base, edificándola en el espíritu del socialismo.
Mientras Rocker escribía y reflexionaba… las ideas anarquistas eran llevadas a la práctica en la Revolución Española, en aquel año de los contrastes 1936. No sólo en los campos de Andalucía, Valencia, Extremadura, sino también en la Barcelona industrializada. Y los resultados fueron sorprendentes. La producción aumentó sin ningún tipo de autoridad ni jefes, pura y simple organización de los trabajadores.
El economista anarcosindicalista Diego Abad de Santillán escribió “…al afrontar el problema de la transformación social la revolución no puede considerar al Estado como un medio, sino que ha de apoyarse en la organización de los productores”.
El sueño de la libre asociación, y la dulce vida libre fue exterminado por la sublevación de aquel mal llamado ejército nacional, que dio lugar a un sintiempo inerte, sembrado con voces y sueños, silenciando una manera diferente de desear vivir la vida.
A lo largo de la historia el sentimiento de justicia del ser humano ha ido moldeando a la sociedad. Gracias a la sangre de los inconformistas, de los que creían que otro mundo más justo era posible. No por ningún gobierno, ni Estado, aunque al final en la historia aparezcan nombres propios, fueron los anónimos quienes amasaron y moldearon. Sangre, sangre y más sangre ha costado moldear una figura de igualdad y solidaridad. Sangre costó abolir la esclavitud, los derechos humanos costó sangre, sangre la libertad de expresión y el derecho de asociación libre costó sangre, el acceso a la universidad de la mujer costó sangre, sangre pensar, sangre hablar, sangre derrocar al tirano, sangre y mucha sangre que queda por derramar. Aunque espero que en vez de sangre, se derramen palabras para perfilar una sociedad más justa para todos.
Si el Anarquismo tuviese que ser dibujado sobre un delicado tapiz, el pincel, lentamente, se deslizaría sobre cada una de las palabras que dijo Bakunin cuando, refiriéndose a la Comuna de París, se identificó a sí mismo como: “amante fanático de la libertad, considero que es la única condición bajo la cual la inteligencia, la dignidad y la felicidad humana pueden desarrollarse y crecer; no la libertad puramente formal concedida, delimitada y regulada por el Estado, un eterno engaño que en realidad no representa otra cosa que el privilegio de algunos fundado en la esclavitud del resto; no la libertad individualista, egoísta, mezquina y ficticia ensalzada por la escuela de J.J.Rosseau y otras escuelas del liberalismo burgués, que entiende que el Estado, limitando los derechos de cada uno, representa la condición de posibilidad de los derechos de todos, una idea que por necesidad conduce a la reducción de los derechos de cada uno a cero. No, yo me refiero a la única clase de libertad que merece tal nombre, la libertad que consiste en el completo desarrollo de todas las capacidades materiales, intelectuales y morales que permanecen latentes en cada persona; libertad que no conoce más restricciones que aquellas que vienen determinadas por las leyes de nuestra propia naturaleza individual, y que no pueden ser consideradas propiamente restricciones, puesto que no se trata de leyes impuestas por un legislador externo, ya se halle a la par o por encima de nosotros, sino que son inmanentes e inherentes a nosotros mismos, constituyendo la propia base de nuestro ser material, intelectual y moral: no nos limitan sino que son las condiciones reales e inmediatas de nuestra libertad”.
¿A qué sabe?
¿A qué huele?
¿Utopía?
¿Realidad Posible?
En su ataque contra el derecho al control privado o burocrático de los medios de producción, el anarquista se coloca junto a aquellos que luchan por alcanzar “la tercera y última fase emancipadora de la historia”
La primera hizo de los esclavos siervos. La segunda hizo de los siervos gente que gana un salario. La tercera, en un acto último de liberación, pondrá el control de la economía en manos de asociaciones libres y voluntarias de productores. (Fourier).


carlos santana dice,

Enero 21, 2010 @ 03:22

la anarquia suena bien pero imagina un mundo sin servicios como agua potable energia electrica,sin hospitales aunque sean una mierda pero muxa gente moriria si no los hubieran piensalo

Salva dice,

Febrero 10, 2010 @ 04:47

La Anaquía no se basa en un “simple” caos. Es un concepto, como escribo en el artículo, mal entendido. La Anarquía, impensable en un mundo como este, o en proceso de, intenta imaginar,crear, filosofar sobre un mundo donde no existiese poderes (dificil ¿verdad?), parece más un relato fantástico que una realidad posible, pero soñar y filosofar aún no está hipotecado. Todo lo que has nombrado: agua potable, energía eléctrica, hospitales (seguridad social), son como tú bien dices servicios. El anarquismo lo que pretende es que esos servicios sean auténticamente públicos, y no dirigidos por jeraquías económicas, que no en responsabilidades, que no es lo mismo. ¿Cómo sería el mudo sin estados? ¿Cómo lo imaginas tú?
Con la imaginación se han creado muchas realidades.
Espero que sigamos discutiendo por aquí, que para eso se escribe y está la web. Para que te comenten y comentar.
Un saludo. Hasta pronto.

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