Obra: Un día de cólera
Autor: Arturo Pérez Reverte
Número de páginas: 402
Precio: 19.50
Nota: 6/10 (para entretenerse)

Hay novelas que se sacan con el oportunismo capitalista de vender todo lo que sea y a marchas forzada. La mayoría de las veces esa novela no merece la pena ni siquiera ser mencionada. En este caso, con eso de la conmemoración del 1808 este año han salido infinidad de novelas que trataban el tema como novela histórica y de aventura aunque, les soy sincero, no he leído ni una. Sin embargo, llegó a mis manos esta novela del archiconocido Pérez Reverte y me quedé con la boca abierta: a veces la literatura también te enseña algo más de lo que esperas.
Cuando lo desenvolví del horrible papel en el que venía envuelto, miré a mi acompañante con mala cara y le espeté: ¿No te he dicho nunca que este hombre no me gusta? Me miró a los ojos y me dijo: Alatriste sí. Aquello me sonó a insulto, Alatriste estaba por encima del mismo autor, había conseguido doblarlo. También te dije que leí El pintor de batallas y no me gustó nada, respondí, marcadamente dolido. Ya, bueno, y alguna más te he visto en casa, dijo, como intentando confirmar que a mí me tenía que encantar si en casa tenía más libros de él. Serán de mi madre, le dije y abrí el libro para hacer como que tenía cierto interés. Con esta escena que describo puedo parecerle un poco egoísta e incluso chulo, ¿recriminar un regalo? ¿Acaso te crees alguien? Es lógico y normal que tras recapacitar la situación me sintiese como un verdadero idiota. Mi forma de pedir perdón fue leerlo con prontitud, pero no fue así y el libro tuvo que esperar en mi estantería algún mes que otro, pero el día que me decidí a leerlo, fuera ya de convicciones contra el autor o la propia obra y el contexto en el que salió a la venta, disfruté muchísimo con su primer capítulo.
La novela consta de ocho capítulos en los que se rememoran los hechos ocurridos el dos de mayo de mil ochocientos ocho, cuando los madrileños comienzan a enfadarse de verdad y se hartan de las chulerías del ejército francés. Supongo que de ahí nace eso de la furia española. A medida que se va avanzando en la novela, además de descubrir las diferentes intrigas de los militares franceses y españoles descubres como, en realidad, los madrileños tuvieron en vilo al ejército francés durante bastante tiempo. Claro, hasta que estos se cabrearon.

Y el final, trágico, de gente sin carisma, de españolitos asustados. Menos mal que más tarde se volvió a despertar y los franceses tuvieron que recular. Les dejo con uno de los extractos seleccionados en la web de la novela y que a mí es uno de los que más me gustó:
Por eso, desentendiéndose del mundo y de todo, el capitán afirma los pies y se dispone a bajar el sable, gritar «fuego» para la descarga de los cañones – si al menos tuvieran metralla, se lamenta por enésima vez- y luego usar ese sable para vender su vida al mayor precio en que su coraje y desesperación puedan tasarla. Por un instante, su mirada encuentra los ojos enfebrecidos de Pedro Velarde, que amartilla una pistola y la dispara contra los franceses, sin dejar de dar voces y empujones para contener a los que, ante la cercanía de aquéllos, chaquetean y pretenden echarse atrás. Maldito y querido loco de atar, piensa. Hasta aquí nos han traído tu patriotismo y el mío, dignos de una España mejor que esta otra, triste, infeliz, capaz de hacernos envidiar a los mismos franceses que nos esclavizan y nos matan».
