¿Preparados?Coged el primer diccionario que encontréis y, con la necesidad en los dedos, buscad la palabra intelectual. ¿Qué aparece?
“dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras”
Decidir, en nuestra sociedad, ser intelectual, es igual que decidir ser electricista, carpintero, albañil, etc. Pero existe una débil y a la vez abismal línea diferencial. Para que nos entendamos: cuando contratamos a un fontanero para que realice la instalación de la cocina de nuestra pequeña casita. El fontanero nos dice el tiempo que empleará y, claro está, el dinero que va a costar. Pues bien, imaginen: una noche densa, sosegada, con la brisa veraniega azotando nuestros sedientos cuerpos, a la luz de unas velas improvisadas para la ocasión y… De repente, empieza a salir agua de la cocina inundando nuestro apacible hogar. ¿Qué hacen? Claro, llaman de inmediato al fontanero y le piden explicaciones.
Ahora, ¿Cuándo se le exige a un intelectual? Y muy importante, ¿cuál es su responsabilidad como tal, cuando se inunda la cocina?
“Exigimos” al poeta que profundice en la metáfora sobre el amor; al filósofo que escriba más claro y conciso; al escultor que utilice en sus creaciones más colorido o menos; al pintor que retrate tal o cual figura, u objeto u…. pero en realidad nada se exige, se opina, se debate, ¿dónde está la responsabilidad? ¿El arte posee responsabilidad, compromiso? Muchos dirán que grandes obras se escribieron olvidando la realidad del momento. Cierto, pero hablo del intelectual no de su obra. Existen realidades que no dejan otra opción. Existen realidades que no te permiten leer a Neruda sin dejarte un regusto de traición en el paladar.
La cocina para el intelectual es el mundo, las ideas, el pensamiento, la belleza, pero sobre todo el hombre.
Gramsci decía que todos los hombres son intelectuales pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectual. En relación, Noam Chomsky explica que la diferencia que existe entre un taxista y un profesor de universidad es que el profesor de universidad tiene más recursos, más educación, más privilegios y puede ponerlos al servicio de acciones que tanto él como el taxista podrían hacer: la preocupación por otros seres humanos, la solidaridad, la disposición a crear un mundo mejor, etc. Se trata sencillamente de que el profesor tiene más responsabilidad porque tiene más recursos y que si opta por asumir esa responsabilidad puede hacerlo.
Entonces, ¿qué ocurriría si todos tuviésemos verdaderamente los mismos recursos y en consecuencia la opción de llevar a la práctica dicha responsabilidad? ¿Qué ocurriría si todos pudiésemos ponernos al servicio de acciones que según Chomsky a todos nos gustaría? ¿Qué piensan?
Piensen, que es la única parcela que no está hipotecada y ES LIBRE.
Ángel González en su poema “Me falta una palabra” interpreta esa inundación que sufre la cocina, ese vacío existencial, esa hipocresía intelectual cuando la realidad es esa presencia constante que te atraviesa una y otra vez.
Me falta una palabra, una palabra
sólo.
Un niño pide pan; yo pido menos.
Una palabra dadme, una sencilla
palabra que haga juego
con…
Qué torpes
mujeres sucias me interrumpen
con su lento
llorar…
Comprended: cualquiera de vosotros,
olvidada en sus bolsos, en su cuerpo,
puede tener esa palabra.
Cruza más gente rota, llegan miles
de muertos.
La necesito: ¿No veis
que sufro?
Casi la tenía ya y vino ese hombre
ceniciento.
Ahora…
¡Una vez más!
Así no puedo.
Vemos como el poeta va alternando dos discursos, planteando así la lucha interior que está sufriendo. Esta lucha interior posee dos frentes: el deseo de crear belleza literaria y la necesidad de explicar la realidad que le rodea. La frase final “Así no puedo” da forma al sentimiento de impotencia que le domina por la lucha Belleza/Conciencia, situando la realidad por encima del arte. Su frustración vital le impide encontrar una simple palabra.
¿Han sentido alguna vez una sensación parecida como si fuese una ráfaga, mientras contemplaban una realidad concreta? Quizás mientras disfrutaban de un café espumoso, o paseando por la orilla de un río, o quizás… ¿Han masticado esa impotencia, esa angustia rabiosa? Quizás mientras veían un noticiario, o caminaban solos, o leían a Neruda en un parque silencioso, o quizás… ¿Lo han sentido?
¿Encontraron la palabra?
Durante la guerra cilvi española María Zambrano escribe:
“Si otors ofrecen su vida sobre la tierra helada en las trincheras, no hará nada de más el intelectual arriesgando su existencia de intelectual, aventurando su razón a un alumbramiento del mundo, que se abre camino a través de la sangre”
María Zambrano escribió, “todavía hay quien se extraña, pero convendría recordarles que en los días del nacimiento de la razón, cuando Grecia, con maravillosa y fragante intuición, se quiso representar a la diosa de la sabiduría, Atenea, se la vistió con casco, lanza y escudo. La razón nació armada, combatiente. Se había olvidado esta razón militante en el mundo moderno, dentro del cual, cuando la inteligencia se mezclaba a la luchas sociales se la consideraba de menor rango, perdida ya de su condición de captar la verdad, pues se estimaba únicamente la desvinculación de los intereses reales podía llevar ella. Se creía en una verdad ideal, y la razón, ebria de sí misma, se creía invulnerable, absoluta, con lo cual, sin dejar de ser contemplativa, se creía legislar el mundo.”
Y si todos, como dice Gramsci, somos intelectuales que no haremos de más por cambiar el mundo.
¿Qué piensan?
