Obra: Putas Asesinas
Autor: Roberto Bolaño
Nº páginas: 225
Precio: 7,5 euros
Editorial: Anagrama
Empezaré desde el principio. Iba a comentar El mar invisible (2007) de Juan Cobos Wilkins. Ya estaba escrito. Pero no voy hacerlo. No porque la novela no merezca la pena, sino por necesidad de comentar otro libro. Surgió así, no hay que darle más vueltas. El mar invisible es una novela recomendable/entretenida, aunque sea otra novela de la guerra civil.
¿Por qué no he comentado la novela? Todo ocurrió (y no es un cuento infantil) en un alejado hotel en Roma. Hace poco viajé a Roma y junto al neceser, el cuaderno y tres bolígrafos, cogí el libro de cuentos Putas Asesinas de Roberto Bolaño (¿les gusta el título, eh?). Lo elegí porque iba de viaje y como me pasa cada vez que leo a Bolaño, siento unas inmensas ganas de pasear y observar. Y Roma, como comprobé, es propicia para este fin. El hotel estaba alejado del centro, y el desayuno lo servían hasta las 9.30, por consiguiente había que levantarse temprano (estamos en crisis no hay que perdonar un desayuno pagado). A las diez estaba caminando y observando, y a las siete, después de caminar siete u ocho horas, no distinguía el Coliseo de un puñado de piedras. En fin, a las ocho o las nueve estaba en el hotel, con Putas Asesinas entre mis manos.
A los tres días lo terminé. Olvidé, desde que leí Nocturno de Chile, la atracción que me producía Bolaño. Una atracción nerviosa y dependiente. Me quedaban cinco días en Roma y Putas Asesinas descansaba en la mesita de noche. Decidí comprarme un libro, lo mío me costó encontrar una librería en español. Después de una hora seleccioné dos libros: Lord Jim de Conrad y Al Faro de Virginia Wolf. Lo medité muy poco, no me apetecía leer un libro de viajes con sus peculiaridades y nuevas visiones, cuando estaba viviendo un viaje con sus peculiaridades y sus nuevas visiones, demasiada información, aunque fuese de Conrad. Elegí Al Faro. Cuando llegué al hotel estaba nervioso como cada vez que vas a empezar un libro. En la página 13 lo dejé y me dormí. Pensé que era el cansancio de cuatro días de caminatas y pizza a todas horas. Pero a la siguiente noche, no leí ni diez páginas. Desistí. No es por desvalorar Al Faro, siendo junto al Ulises de Joyce los dos pilares donde se ha edificado la literatura occidental, pero me sentí como si empujase un buque atracado en la arena, cada página me costaba sudor. Ese fue el momento que decidí que no iba a comentar El mar invisible, sino que comentaría Putas Asesinas. Porque era Bolaño el que me hacía creer que empujaba un buque.
Putas Asesinas (2001) consta de 13 cuentos, bonito número ¿verdad? Diría que es la semilla, el germen de donde surgirán sus grandes novelas. En el cuento “Fotos” aparecerá Arturo Belano personaje de su inconmensurable novela Los detectives salvajes.
El sexo, agrio y sin ataduras, y sus límites; la soledad de unos personajes sin rumbo, perdidos; la densidad agotadora del día a día; el abandono de cualquier ideología; el desamparo; o la violencia, serán el barro hierático con el que Bolaño, mediante un ritmo vertiginoso, un ambiente misterioso y una visión cruda, moldeará cada cuento. Os daré unas pinceladas de cada relato, quizás sea tedioso, quizás no.
Lo que son las cosas, Mauricio Silva, llamado el Ojo, siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década de los cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende. Así comienza el relato El Ojo Silva, emigrante Chileno, solitario, homosexual, fotógrafo que vivirá en varios países, viajará a la India donde descenderá a los infiernos para acabar siendo la madre de dos niños castrados en la ofrenda a un dios. Con ese comienzo y el argumento lo dice todo.
Gómez Palacio, profesor de un taller de literatura en un pueblo perdido del norte de México.
Últimos atardeceres en la tierra, un padre y un hijo están en Acapulco de vacaciones, poco a poco sus días se deslizarán por una rampa hasta los infiernos.
Días de 1978, habla del silencio, del rencor de las cosas que no se dicen a la cara. Vagabundo en Francia y Bélgica, es el mejor cuento, sin duda el mayor reflejo de la gran literatura que Bolaño nos ha dejado: B ha entrado en Francia. Se pasa cinco meses dando vueltas por ahí y gastándose todo el dinero que tiene. Sacrificio ritual, acto gratuito, aburrimiento. A veces toma notas, pero por regla general no escribe, sólo lee. B encontrará un antiguo número de la revista Luna Park, donde publican personajes que él conoce, excepto uno: Henri Lefevbre, por el que sentirá una muy peculiar obsesión.
Prefiguración de Lalo Cura, sexo, droga, cine porno, asesinatos todo en un ambiente corrosivo, muy corrosivo.
Putas Asesinas, lo mejor una muestra: Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir. En el equívoco vivimos y planeamos nuestros ciclos de vida. Voz del personaje de este delirio de cuento.
El Retorno, Villeneve uno de los modistos más importantes del mundo disfruta acostándose con cadáveres, tendrá que afrontar que le hable el alma del que esa noche es su cita.
Buba, tres futbolistas utilizarán ritos oscuros de sangre y sudor para que su equipo gane, el equipo podría ser el Barcelona, en una época próxima.
Dentista, un adolescente que escribe cuentos prodigiosos.
Fotos, aparecerá Arturo Belano, el protagonista de Los Detectives Salvajes.
Carnet de baile, 69 razones para no bailar con Pablo Neruda, brilla por su originalidad y opinión, ahí va: 62. Si Neruda hubiera sido cocainómano, heroinómano, si lo hubiera matado un cascote en el Madrid sitiado del 36, si hubiera sido amante de Lorca y se hubiera suicidado tras la muerte de éste, otra sería la historia. ¡Si Neruda fuera el desconocido que en el fondo verdaderamente es! 63. ¿En el sótano de lo que llamamos “Obra de Neruda” acecha Ugolino dispuesto a devorar a sus hijos?64¡sin ningún remordimiento! ¡Inocentemente! ¡Sólo porque tiene hambre y ningún deseo de morirse!
Encuentro con Enrique Lihn, momento onírico donde Bolaño, como personaje, hablará con el poeta Enrique Lihn, de la actual literatura chilena.
Aunque Gómez Palacio, Buba o Dentista sean cuentos más débiles que el resto, el conjunto es indudablemente una pequeña obra maestra, micro universos que sólo Bolaño puede crear entre la sordidez y la normalidad, entre el desaliento y la literatura. Acabo esta reseña inconclusa e imperfecta, con lo único que realmente quería decir aquí: Hay que leer y releer a Roberto Bolaño, sin más.
