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entrevista a joaquín pérez azaustre

Por suerte para nosotros, el autor cordobés Joaquín Pérez Azaustre nos concede una maravillosa entrevista de la que salimos muy satisfechos.
Para quien no sepa nada de este autor, lo mejor que puede hacer es coger cada uno de sus poemarios, de sus novelas, de sus artículos y leerlos con avidez que es como se lee la buena literatura.

O.S: ¿Cómo vendería, para el que no la ha leído, su novela La suite de Manolete?
J: Novela negra con paisaje de Manolete al fondo. Cuenta la historia de un escritor que, mientras está escribiendo una biografía del torero Manolete, muere en extrañas circunstancias, un suicidio en apariencia. La investigación de las causas reales de su muerte llevada a cabo por dos amigos suyos, alternada con el texto de la propia biografía que estaba escribiendo, forman la estructura de la historia. Una novela sobre hombres solitarios, vivos y muertos, que tratan de encontrar su lugar en el mundo.

O.S: ¿Por qué eligió el personaje de Manolete como protagonista “fantasmal” de su última novela?
J: Siempre me produjo una fascinación extraña. De pequeño, cuando veía su estatua en el barrio de Santa Marina, me parecía una especie de Errol Flynn cordobés. Luego, con los años, me fui interesando cada vez más por el personaje, hasta escribir la novela.

O.S: ¿Cuánta importancia tiene Córdoba en La suite de Manolete? ¿Y Madrid?
J: Córdoba toda, porque sin Córdoba no se puede explicar Manolete. También creo que la Córdoba de hoy es indefinible sin contar con Manolete. En cuanto a Madrid, fue para él la ciudad de la libertad, la ciudad en la que pudo ser él mismo. Yo llevo ya cerca de once años viviendo en Madrid, y todo esto lo he comprendido con el paso del tiempo.

O.S: En su novela retrata a todo tipo de personajes, desde el duro Bruno Díaz al más canalla que es Colomer, o al vendido de Alder, ¿cuánta gente de su mundo conoce así?
J: Todos somos poliédricos. No hay personajes planos ni en la vida ni en la buena literatura, porque el héroe siempre tiene mucho de villano, y al revés también ocurre.

O.S: Parece que vuelve a usar el recurso, si es que puede llamarse así, de la metaliteratura en su última novela, ¿tan bien le ha ido?
J: Ni bien ni mal. Hasta ahora me ha interesado, sencillamente, el diálogo entre la experiencia vivida y la literaria, explorar el límite entre los dos mundos. Tanto en El gran Felton como en La suite de Manolete la frontera entre lo figurado y lo real, entre lo leído y lo experimentado, es tan fina y transparente que a veces ni yo mismo la distingo.

O.S: ¿Qué opinión tiene de los derechos de autor de los escritores?
J: Pues eso, que son derechos, de propiedad intelectual y también laborales, y como tales deben ser respetados. La flexibilidad con que se traten únicamente debe depender de la voluntad del autor. ¿O es que a alguien se le ha ocurrido llamar a un fontanero para que le arregle una cañería, y al terminar decirle: “Bueno, ahora nos tomamos una caña y tan contentos”? El fontanero es el primero que te dice: mi tarifa es ésta. Y así debe ser.

O.S: ¿Por qué en su novela hay tanto humo, tanto alcohol y tantas endorfinas? (Que no digo que no me guste).
J: En mis tres novelas publicadas, lo que hay es mucha noche. Y en la noche hay todo eso, y en el día aún más cosas. No le doy ninguna importancia a la aparición del sexo o del alcohol en una historia, ni a la del fracaso y el éxito, porque forman parte de la vida.

O.S: En su segunda novela, El gran Felton, tiene gran importancia el autor norteamericano Fitzgerald y al sumergirnos en ella nos damos cuenta de que es usted gran conocedor de la generación de los años 20, a la que pertenecía, ¿tanto le han influido? ¿Qué otro tipo de influencias recibe y de qué otros autores?
J: Influencias todas. Pero en mi primera juventud, descubrir a Scott Fitzgerald, sobre todo en El gran Gatsby, fue como encontrar un faro entre la niebla. En aquellos años, cuando entre los jóvenes escribientes de Córdoba se llevaba el realismo sucio, leer a un autor de su sensualidad barroca y su fuerza vital para mí fue sencillamente deslumbrante.

O.S: Belmonte, Manolete y ¿José Tomás? ¿Tienen un vínculo especial los tres?
J: Podrían tenerlo, sí.

O.S: ¿Taurino o antitaurino?
J: Antitaurino no, porque en ese caso tendría que ser también antipollino, y anticerdino, porque no hay nada más cruel que la matanza del cerdo, abriéndolo en canal, y sin embargo todo el mundo está encantado de tomarse un plato de jamón serrano 5 jotas.

O.S: ¿Qué opinión tiene del actual movimiento de escritores que se está dando en Córdoba?
J: No hay ningún movimiento. Sólo hay algunos autores, pocos en realidad, que publican en editoriales nacionales y han suscitado cierta curiosidad entre los lectores y la crítica. Entre ese ramillete, que no llega a los diez, hay una gran heterogeneidad y mucha simpatía, en algunos casos amistad, pero en ningún caso una conciencia generacional.

O.S: ¿Córdoba es la ciudad de las tres culturas?
J: Lo fue, como Toledo.

O.S: ¿Cuánto tuvo usted que documentarse para escribir La suite?
J: Mucho. Demasiado, pero la historia lo pedía. No sólo por Manolete, sino por otras tramas culturalistas que aparecen en la novela, como el falso premio Adonais a Juana García Noreña en 1950, con un libro titulado Dama de soledad, obra, en realidad, de José García Nieto, aunque todo esto forma parte de la leyenda literaria del Madrid de medio siglo. La investigación fue más larga que difícil, pero al final logré controlarla.

O.S: ¿Es el premio Fernando Quiñones un reconocimiento o una bendición? ¿En qué sentidos le ayuda este premio?
J: Es un reconocimiento y una bendición. Me ha ayudado con la publicación y la proyección de la novela, que ha podido llegar a un público más amplio.

O.S: ¿Por qué vuelve a confiar otra vez en Bruno Díaz? ¿Tendremos más investigaciones protagonizadas por él?
J: Creo que no, pero nunca se sabe. Seguramente su ciclo ya cerró. Hay que ir a otra cosa.

O.S: ¿Es más poeta que novelista o al revés?
J: Soy más escritor que abogado.

O.S: Ahora responda a esta serie de preguntas breves:
J: Un disco: La vida secreta de Peter Parker, de Manuel Cuesta. También Acuérdate de vivir, de Ismael Serrano. Aún no está a la venta, pero es una verdadera maravilla.

Un libro: Barroco, de José Luis Rey. Premio Loewe, saldrá pronto, y es estupendo.
Un personaje histórico: Adolfo Suárez.
Un personaje de novela: Jay Gatsby.
Un amor que haya hecho literatura: El mío.
Una literatura que haya hecho amor: La mía, espero.
Un güisqui: Lagavulin reserva 16 años.
Una ginebra: Ahora está de moda Hendrick’s, se toma con pepino y pétalos de rosa, pero nunca la uses para un dry martini, porque es demasiado dulzona. Muy buena.
Una Madrid: La Latina. Un poco Chamberí.
Una Córdoba: San Agustín. Un poco Ciudad Jardín.

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