El cordobés Pérez Azaustre ganó con esta novela el premio Fernando Quiñones de Cádiz. Creo que poco más hay que decir de ella. Pero no puede ser así, hay que recomendarla porque para eso está esta sección y mi intención es hacerlo de la manera más ferviente posible porque si algún sentimiento me ha sacado esta novela es esa, el fervor.
La suite de Manolete es una novela en la que nada es lo que parece. Con el comienzo de la caída de un personaje (no sabemos si accidental, buscada o provocada) por el patio de su casa caemos en una espiral de misterios que se entremezclan con la genial biografía de Manolete, el famoso torero cordobés que por su enigmática vida, por su mirada atenta y perdida, como vacía, siempre nos ha interesado tanto. También le interesa a todos los de la novela, es más, se podría decir que es el motor que la lleva, que gracias a Manolete, muerto muchos años antes que el año en el que encuadra la novela, ocurre la acción en esta novela.
El protagonista es Bruno Díaz, el mismo ex-boxeador y amante de la Literatura que aparece en El gran Felton, y junto a él aparece un elenco de personajes totalmente verosímiles, un ramillete de gente y gentuza que se cruza con él, que hablan con él, que beben con él e, incluso, mantienen algo más que una simple conversación. Bruno, sin saberlo, está solo, o casi.
Colomer es el productor de la película sobre la vida de Manolete y siempre ha hecho creer a la prensa que él es el verdadero hijo de Manolete (que siempre se ha dicho que dejó unos pocos, muy de torero esto) y por esta película precisamente el bueno de Bruno conoce al productor con el que mantiene una interesante charla en un privado durante la cena de estreno. El productor, ya vemos desde el principio, que no es buena persona. Pero las sorpresas nunca se terminan en esta extensa novela de Pérez Azaustre que se lee, por cierto, de un tirón.
Mientras leemos esta apasionante historia que puede no ser más que otra novela de misterio, aunque muy bien escrita, con un importante condimento histórico, nos vamos encontrando algunas páginas referidas a Manolete. Su biografía. La importante y oscura biografía de Manolete de la que se sabe pero no todo lo que se hubiese querido. Así, Pérez Azaustre en lo que parece una gran investigación biográfica y taurina va desgranándonos la persona (y un poco del personaje, pero menos) de Manuel Rodríguez Fernández, aquel torero que rompió las reglas y que marcó una época. Aún se dice que sigue siendo el mejor. En Manuel Rodríguez se ve la introversión y la sonrisa pícara y escondida. También se ve el amor a la madre y la importancia de su trabajo, que era afición, y del tabaco (Camel, por cierto). Y su muerte, tan importante, tan extraña, tan lógica. Esa muerte de torero valiente que tiene. Me parece curioso como, según se cuenta en la novela, su mayor preocupación era poder fumar y saber si había matado a aquel toro de Linares. Lo mató. Y a él lo mató la mala medicina de la época.
La vida de Manuel Rodríguez se nos va mostrando poco a poco y siempre en el momento preciso, cuando es importante hacer para el lector un descanso en tan truculenta historia. Así parece que lo hace Pérez Azaustre y se agradece.
La novela, además, tiene mucho de Literaria y es que una historia sobre un premio Adonais aparece en la novela como sin quererlo pero siendo crucial para el transcurso de ésta. Es metaliteratura y triple.
La historia de García Noreña, la poetisa que ganó en 1950 y que resultó ser el poeta José García Nieto. De esto que puede ser considerada una anécdota literaria de la época se convierte en el tercer pilar de la obra y que va más allá de la mera curiosidad.
Estilísticamente la novela es impecable. Se nota que Pérez Azaustre lleva escribiendo muchísimo tiempo y que escribe de todo. Es fácil y rápida aunque hay que estar muy atento a los detalles porque, aunque parezcan nimiedades, todo tiene después una importancia terrible para la novela.
Muerte, sexo, alcohol y tabaco se entremezclan en la, por ahora, mejor novela del novelista cordobés. Novela para leerla por la noche, cuando uno llega a casa después de un día agotador y tiene ganas de algo más que de ver la televisión. Recomiendo hacerlo con un gyn tonic y un paquete de tabaco al lado. Les prometo que se les derretirá el hielo y solo comenzarán el primer cigarrillo porque si algo tiene La suite de Manolete es la adicción, pero de la buena. Esa adicción a la lectura que te hace perder la noción del tiempo. A mí me pasó.
En definitiva, una novela que recomiendo con fervor, con fervor torero y literario, para que la disfruten ustedes y luego si quieren me lo cuentan y también lo disfruto yo y si puedo se lo comento a Pérez Azaustre y también lo disfrutará él.
