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	<title>oHjas sueltasS &#187; Mª Victoria Partera</title>
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	<description>Es una revista de divulgación principalmente universitaria, abierta a la participación de cualquier persona que lo desee.</description>
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		<title>A FUEGO</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 22:49:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Victoria Partera</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[Unos versos descansan sobre tu cintura,
hijos de sábanas borrachas.
“Habitación 730, al fondo”
“ [No nos molesten,
que hoy venimos a pegarnos mariposas en el ombligo”.
Entre paredes ciegas y preguntas que colgamos a la puerta
se inicia un comercio con palabras despintadas.
Los huesos del cigarro sobre la mesa
piden ser enterrados en tierra santa,
las ropas caducan de nuestros cuerpos,
el verano [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-394"></span>Unos versos descansan sobre tu cintura,<br />
hijos de sábanas borrachas.<br />
“Habitación 730, al fondo”<br />
“ [No nos molesten,<br />
que hoy venimos a pegarnos mariposas en el ombligo”.<br />
Entre paredes ciegas y preguntas que colgamos a la puerta<br />
se inicia un comercio con palabras despintadas.<br />
Los huesos del cigarro sobre la mesa<br />
piden ser enterrados en tierra santa,<br />
las ropas caducan de nuestros cuerpos,<br />
el verano se me engancha a la entrepierna.<br />
[Anoche,<br />
un recuerdo en sepia<br />
quería convertirse en tirita,<br />
coser los retales de aquel día,<br />
descongelar los besos que guardé en la nevera.<br />
Me atrevo a mirarle la fecha de caducidad:<br />
“En estado de descomposición”.<br />
[Te lo dejaste abierto.<br />
Necesito llamarte al móvil,<br />
desatarle los cordones al tiempo<br />
y pensar que tal vez se desmaye el cielo.<br />
“Cariño, cómprame un final<br />
[barato<br />
no te olvides de borrar el principio<br />
que me hace falta papel<br />
[y hoy<br />
reciclo los folios de esta historia.</p>
<p><span style="color: #888888;"><br />
</span><strong><span style="color: #888888;"></span></strong></p>
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		<title>Baile musical</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 12:04:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Victoria Partera</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[Era una habitación mal iluminada &#8211; lo común en cualquier pensión allí &#8211; pero lo suficientemente barata como para poder permitírsela. Aún recordaba el día que se la recomendó su amigo: se había negado en un principio a hospedarse en ese lugar, el olor nauseabundo que inundaba la estancia había sido el único recibimiento procurado. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-366"></span>Era una habitación mal iluminada &#8211; lo común en cualquier pensión allí &#8211; pero lo suficientemente barata como para poder permitírsela. Aún recordaba el día que se la recomendó su amigo: se había negado en un principio a hospedarse en ese lugar, el olor nauseabundo que inundaba la estancia había sido el único recibimiento procurado. La patrona se había limitado simplemente a darles las llaves y balbucear unas palabras tan inteligibles como le permitía el cigarro – siempre con el pitillo en la boca y esa toz resabiada que cada día se iba haciendo más pronunciada al igual que su ácido carácter – sin quitar la vista de la revista que andaba leyendo; ni siquiera se había preocupado por echarle un vistazo y analizar al supuesto nuevo inquilino. No obstante, mientras subía las viejas escaleras, había sentido su mirada &#8211; afilada &#8211; clavándosele en la nuca.<br />
Al final, se había visto obligado a aceptar aquella opción que, para ser sinceros, era la única. Nadie quería en sus hostales a un muchachito recién llegado a la ciudad, cargado de sueños y, en la maleta, lo incierto como polizón. Si esa era la alternativa que le quedaba para poder estar allí, no iba a despecharla por mucho que le costara acostumbrarse; con el tiempo descubriría que su suerte no era menos que la de otros muchos artistas.<br />
Escribió un nuevo símbolo sobre el papel y levantó la mirada… estaba demasiado cansado, el sueño comenzaba a hacer estragos y Morfeo poco a poco le iba arrebatando la vigilia para sumergirlo en el mundo de lo metafísico. Recorrió en unos segundos la habitación de mínimas proporciones: la cama con ese somier medio roto que había hecho al principio que se levantara todos los días como si le hubiera pasado por encima un tranvía, pero ya estaba acostumbrado, “a todo se acostumbra uno, desgraciadamente”; un armario carcomido por las polillas y el tiempo; la mesa y aquella caja conseguida en el mercado a modo de silla. Nada más, ni un cuadro, ni una fotografía, ni una cortina en la ventana…en su ventana. Era lo único que le gustaba de aquel lugar, ese diminuto huequecito al fondo desde donde podía apreciar las mejores vistas del barrio de Montmartre. Por las mañanas solía levantarse con los primeros rayos del sol &#8211; era una costumbre que se había visto obligado a tomar en la infancia, cuando viviera con sus padres; ir a trabajar codo con codo con el alba, y regresar a casa sintiéndose acompañado por el crepúsculo – y se quedaba allí un rato, de pie, observando cómo la ciudad iba bostezando perezosa y se disponía a hacer frente, un día más, a la vida cotidiana.<br />
Unas notas musicales bailan sobre el pentagrama, inacabado; no podía seguir. Mil metamorfosis, mil y un repasos, mil y dos… y vuelta a comenzar. Y nada.<br />
Al día siguiente se cumplía el plazo y no había conseguido siquiera clarificar la melodía definitiva. Había tratado de exprimir las notas, pero estas, como si pasado estuviera ya su tiempo de recolección, se negaban a aportar siquiera un mísero jugo.<br />
“Tranquilo, tranquilo. Aún hay tiempo, queda toda una noche por delante, seguro que sale algo” se repetía una y otra vez. Conseguiría despojar de sus plicas a aquellos símbolos, que sobre el papel parecían mofarse de él interpretando una danza abstracta y carente de sentido, y someterlas a su inspiración.<br />
(…)</p>
<p>Pasadas las tres de la madrugada el sueño fue haciendo cada vez más férrea su presencia. Los párpados jugaban a cerrársele, y cuanto más se esforzaba por mantenerlos abiertos, más oposición mostraban estos. “Duérmete, duérmete…” Parecían decirle con voz cantarina no falta de mofa. Y acabaron por conseguir su macabro propósito; desprovisto de alguna idea que le permitiera continuar, se dejó asediar por el sueño.<br />
(…)</p>
<p>Lo despertaron unos impacientes golpes en la puerta. Parecía irónico, no había conseguido encontrar compás en su partitura y en aquellos instantes su corazón bombeaba sangre al ritmo de esos rudos porrazos.<br />
Descorrió el cerrojo lo más lentamente posible, tratando de evitar el encontrarse cara a cara con la persona que detrás de la puerta estaba esperando. “Se acabó, me van a moler a palos. Me van a triturar los huesos hasta hacer polvo con ellos”. Tomó el pomo de la puerta que en un primer intento le resbaló a causa del sudor que poblaba sus manos, lo giró poco a poco, se sentía abriéndole la puerta a la muerte…</p>
<p><span style="color: #888888;"><strong> </strong></span></p>
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		<title>Edgar Allan Poe</title>
		<link>http://www.ohjassueltass.com/2009/08/edgar-allan-poe/</link>
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		<pubDate>Sun, 23 Aug 2009 18:24:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Victoria Partera</dc:creator>
				<category><![CDATA[Evoluciones Literarias]]></category>
		<category><![CDATA[número 2]]></category>

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		<description><![CDATA[
Ilustración: David Serrano
Al hablar de novela negra, nos viene a la mente una sucesión de nombres tales como Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes), Agatha Christie (Asesinato en el Orient Express), Wilkie Collins (La piedra lunar) Dashiell Hammett (El halcón maltés), Raymond Chandler (El sueño eterno), Jim Thompson (Almas)&#8230; y, cómo no, Edgar Allan Poe.
Hay escritores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><span id="more-208"></span><br />
Ilustración: David Serrano</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-medium wp-image-211" title="clip_image002" src="http://www.ohjassueltass.com/wp-content/clip_image002-300x263.jpg" alt="clip_image002" width="207" height="180" />Al hablar de novela negra, nos viene a la mente una sucesión de nombres tales como<span style="color: #000000;"><span style="color: #000000;"> Arthur Conan Doyle </span>(<em>Sherlock Holmes</em>), Agatha Christie (<em>Asesinato en el Orient Express</em>), Wilkie Collins (<em>La piedra lunar</em>) Dashiell Hammett (<em>El halcón maltés</em>), Raymond Chandler (<em>El sueño eterno)</em>, Jim Thompson (<em>Almas)&#8230; </em>y, cómo no, Edgar Allan Poe.</span></p>
<p style="text-align: justify;">Hay escritores que sobreviven al paso del tiempo sólo por el hecho de encontrarse agarrados al nombre de un <em>best seller</em>, por ser la mano que redacta una historia, que vomita cientos de palabras sobre un papel y, nada más.</p>
<p style="text-align: justify;">En la situación antagónica, se nos descubre Poe y su obra. Puede que mucha gente no haya leído ni uno de sus versos, ni un comienzo de sus cuentos, ni un final de sus novelas, y aún así, la sola mención de su nombre hace que se nos figuren en la mente palabras tales como horror, maestría poética, misterio, suspense, escalofrío&#8230; Temas que bañan sus composiciones y que, frente a la alabanza y admiración que hoy reciben, sufrieron duras críticas en su momento por parte de aquellos que calificaron al autor de &#8220;macabro y tenebroso&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">Nacido en Boston (EE.UU) en 1809, Edgar Allan Poe tuvo que enfrentarse con el duro golpe que supone para cualquier niño perder a edad temprana a sus progenitores, en este caso, actores de teatro itinerantes.  Proviniendo de una pareja de artistas, Poe no tenía la más remota idea sobre política, lo que acrecentó el desinterés mostrado hacia este campo; ello le ocasionó más tarde graves problemas con su padre adoptivo (John Allan).</p>
<p style="text-align: justify;">Desde este momento &#8211; a raíz de la muerte de su madre de acogida y del enfrentamiento con el padre &#8211; comenzará a adquirir un desarrollo mental y social más maduro que cualquier muchacho de su edad y a tener una conducta rara e incomprensible.</p>
<p style="text-align: justify;">Pronto se convertiría en un ser desamparado, vagabundo  y solitario; su vida fue un desastre, un descenso continuo que lo condujo hacia la destrucción física, moral e intelectual.</p>
<p style="text-align: justify;">Según E. A. Poe, la máxima expresión literaria es la poesía, seguida muy de cerca por el cuento. Es justamente célebre el poema <em>El cuervo</em> (1845), donde su dominio del ritmo y la sonoridad del verso llegan a su máxima expresión. <em>Las campanas</em> (1849), que evoca constantemente sonidos metálicos, <em>Ulalume</em> (1831) y <em>Annabel Lee</em> (1849) manifiestan idéntica maestría.</p>
<p style="text-align: justify;">No obstante, será en su cuentística de terror donde mejor se refleje la genialidad y originalidad con las que Poe fue capaz de dotar a sus creaciones. Sus relatos se recrean en lo espantoso, escritos de una forma satírica y paródica, compuestos  para impresionar y sorprender.</p>
<p style="text-align: justify;">Encontramos entre los títulos más sonados: &#8220;Manuscrito hallado en una botella&#8221;, &#8220;Los crímenes de la calle Morgue&#8221;, &#8220;La carta robada&#8221;, &#8220;El corazón revelador&#8221;, &#8220;La máscara de la muerte roja&#8221;, &#8220;El gato negro&#8221;, &#8220;El escarabajo de oro&#8221;, &#8220;El hombre de la muchedumbre&#8221;, &#8220;El diablo de la perversidad&#8221;. Refleja en todos los cuentos ese espíritu de majestuoso escritor que, no obstante, parece absorbido por una llaga o herida no curada.</p>
<p style="text-align: justify;">Se considera a Edgar Allan Poe el padre de la novela policíaca, iniciada con su relato de 1841, <em>Los crímenes de la calle Morgue (</em>ya señalada arriba). A él debemos el primer detective literario &#8211; Auguste Dupin &#8211; que sirvió de inspiración al glorioso Sherlock Holmes.</p>
<p style="text-align: justify;">El pasado 19 de enero se celebró el bicentenario del nacimiento de Poe, quien murió sin ver cumplido uno de los mayores deseos que cualquier escritor puede anhelar: el reconocimiento de sus obras en vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Se le ha acusado de borracho, de opiómano, de loco&#8230; ¿no se aplicaron también calificativos sinónimos a decenas de artistas, de genialidades de la pintura, escritura, del cine&#8230;? ¿Por qué, por una vez, no dejar apartados los estereotipos sociales, luchar por no ser conducidos a un redil ideológico de perfecciones y roles determinados, y disfrutar de la grandiosidad que estos personajes, aliados del paso del tiempo, nos han legado?</p>
<p style="text-align: justify;">En uno de sus cuentos &#8211; &#8220;<em>El corazón revelador</em>&#8221; &#8211; él mismo Poe escribe con impresionante objetividad: <em>&#8220;¡De veras! Soy muy nervioso. Tremendamente. Lo he sido siempre; pero ¿por qué dicen que estoy loco?</em>&#8220;.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Loco o incomprendido? ¿Habría conseguido llegar hasta donde lo hizo si hubiera dejado a un lado todo lo vivido, sentido y sufrido?</p>
<p style="text-align: justify;">Como diría Julio Cortázar en su libro (<em>&#8220;El poeta, el narrador y el crítico&#8221;</em>): <em>&#8220;toda tentativa meramente caracterológica de explicar la obra de Poe confundirá, como siempre, medios y fines&#8221;.</em></p>
<p><span style="color: #888888;"> </span><strong><span style="color: #888888;"></span><br />
</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p><em> </em></p>
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		<title>ESOTÉRICOS DISFRACES.</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Apr 2009 08:31:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Victoria Partera</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[
- Es ahí.
El hombre vuelve a mirarme a través del retrovisor enarcando esa ceja que ya me es tan conocida; ha sido un largo viaje. El bullicio de la noche se fue perdiendo a medida que nos acercábamos a mi destino, de hecho, toda la vida que hasta ese momento había estado adherida a mí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-109"></span><br />
- Es ahí.<br />
El hombre vuelve a mirarme a través del retrovisor enarcando esa ceja que ya me es tan conocida; ha sido un largo viaje. El bullicio de la noche se fue perdiendo a medida que nos acercábamos a mi destino, de hecho, toda la vida que hasta ese momento había estado adherida a mí como una lapa, desapareció en el instante en que decidiera subir al taxi.<br />
- ¿Está segura de la dirección?<br />
- Completamente – cómo no estarlo. Millones de veces había escrito cartas a ese lugar, millones de veces las había matado arrojándolas al vacío de la papelera. Ni siquiera sé por qué he tomado la disposición de visitarlo… un adiós es eso, un “adiós”; no significa tiempo, ni espacio, ni siquiera palpitación, es la entrada con la que desterramos las memorias hacia el olvido.<br />
Tal vez me he equivocado de camino, son tantas las puertas abiertas que nos ofrecen sus exquisitos manjares… y yo creo haber caído en la tentación de una de ellas. “¡Mierda!” Aún estoy a tiempo de volverme, no me importa duplicar la cuantiosa cantidad de dinero que ha absorbido ya la vida de mi cartera… indecisión… la odio. ¿Qué hay en nuestro psique que nos obliga a discurrir tanto sobre algunas cuestiones? Blanqueo la mente, me ato la cuerda a los pies y salto desde el puente…<br />
- Sí, es aquí, gracias – y bajó del coche. Primero un pie, luego el otro, seguidos por un continuo taconeo que, en otro momento y en otro lugar, me habría resultado sugerente.<br />
<img class="alignleft size-thumbnail wp-image-114" title="esotericosdisf" src="http://www.ohjassueltass.com/wp-content/uploads/esotericosdisf-150x150.jpg" alt="esotericosdisf" width="150" height="150" /><!--more--><br />
Me asusta la idea de destrozar los dogmas que hasta ahora he construido “No deambular sola a estas horas” “No buscarme quebraderos de cabeza innecesarios” “No internarme en callejones sin escapatoria” – y hacia ahí voy yo, a las fauces del lobo, directa, cegada por la canción que en mi cabeza compone esa fotografía. “La he roto, ¿sabes?” Aunque ha sido un intento vano; fui ilusa al pensar que destruyendo un trozo de papel tintado con variopintos colores iba a acabar con la reminiscencia de todo… pues aquí sigue, adherido a mi ropa, apestando el ambiente que me sitia; sé que hasta que no lo elimine mis sentidos no serán capaces de advertir una nueva fragancia. “Estoy harta, ¿me oyes? (no, sé que no me oyes) Harta de que no salgas de mi vida… escribimos un adiós en nuestra historia…”<br />
Ora hace un rato que he abandonado la cuenta de los pasos que llevo dados, el frío de la calle me está forzando a castañear los dientes… y mi abrigo, mientras tanto, dormita en la percha del recibidor consumiendo de la calefacción que bien podría yo estar ahora deleitando.<br />
No puedo evitar exhalar un suspiro, me sosiega, es como si con él se evaporaran los conflictos; no obstante, en esta ocasión no sigue la rutina acostumbrada: el aire queda transformado en vapor y se me asienta delante de la cara, desafiante. Lo aparto con la mano diestra y no hago sino extender con ello la niebla a mi alrededor; me pierdo, tropiezo, caigo, caigo, caigo…<br />
“¡No!” Aquí está la puerta, ya no hay escepticismo, mi cuerpo se topa al fin con el vacío y no sé si la cuerda que agarra mis extremidades será capaz de sostenerme cuando llegue a abajo. Mi locomoción ya no está supeditada a mi mente, soy una autómata que está llamando a la puerta de un “desconocido”, me he alienado de tal forma que el sonido de mis nudillos sobre el roble es tan sólo un chirrido sordo y hueco, lejano…<br />
Una llave gira al otro lado… […]<br />
Horas más tarde me tumbo en la cama ebria del calor que vomita su mirada; calor que se transforma en mariposas de fuego que incendian de actividad y lujuria estos versos que a pedazos va escupiendo mi pluma.<br />
Dos cuerpos inertes, confabulados, buscan un incentivo con que justificar la pobreza de su alma. Saben de sobra que la noche será mañana, que la luna es egoísta y se presta a conferir, de vida bulliciosas, tan sólo unas cuantas horas.<br />
Alarga su mano, con la que hace unos momentos ha recorrido mi armadura, y quita las pilas del reloj; al menos por unos instantes conseguiremos engañarnos de que el tiempo ha exhalado su último aliento.<br />
Echamos tierra, escombros, creamos cimientos… todo sea en la tentativa fallida de silenciar la verdad que llevamos grabada en el rostro: se va consumiendo nuestra esencia, la lozanía de la que un día fardamos huye presurosa buscando nuevos habitáculos, se siente traicionada por las señales que van tintando nuestra piel. No supimos refrenarlo…<br />
Rocío embellece de calidez nuestras mejillas y las colorea haciéndolas viajar a hace unas horas, cuando nos volvimos a conocer.<br />
Escríbeme en el cuerpo la interrogante que también a mí me ciega indómitamente: él me dibuja líneas en la espalda… mi columna tiembla como un volcán a punto de eructar lava y activa la celeridad de mi corazón…<br />
- ¿Por qué?<br />
- ¿Ya está? – me sorprende y turba la concisión de sus palabras.<br />
- Sí, ¿por qué? ¿Por qué tuvo que ser ayer noche cuando decidimos apostar nuestra carrera contra el tiempo, sabedores de que íbamos a perderla, de que íbamos a perdernos a nosotros mismos a lo largo de ella, de que acabaríamos siendo tan sólo corazas rellenas del recuerdo de una evocación miserable?</p>
<p><span style="color: #888888;"><br />
</span><span style="color: #888888;"><strong></strong></span></p>
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