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	<title>oHjas sueltasS &#187; Salvador Blanco Luque</title>
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	<description>Es una revista de divulgación principalmente universitaria, abierta a la participación de cualquier persona que lo desee.</description>
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		<title>POESÍA COMPLETA DE ALEJANDRA PIZARNIK</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 23:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salvador Blanco Luque</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 | Crítica literaria]]></category>

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		<description><![CDATA[Descubrí esta edición buscando un artículo que Cortázar hizo sobre Alejandra. El artículo no lo encontré, quizá no exista, pero descubrí una singular edición de la poesía completa de Pizarnik.
Apenas comencé a leer la antología, me pareció el mayor homenaje que se le podía hacer. Seré más conciso. Nunca he leído una edición que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-316"></span>Descubrí esta edición buscando un artículo que Cortázar hizo sobre Alejandra. El artículo no lo encontré, quizá no exista, pero descubrí una singular edición de la poesía completa de Pizarnik.</p>
<p>Apenas comencé a leer la antología, me pareció el mayor homenaje que se le podía hacer. Seré más conciso. Nunca he leído una edición que se asemeja tanto a un autor, y no me refiero a su obra, sino a la edición en sí. Todo había sido estudiado. Como podéis observar en la foto, la pasta es de color cartón, su nombre aparece pequeño y con letras simples, quizás como imagino el cuerpo de Alejandra: pequeño y simple. En su interior no aparece biografía alguna, ni fecha de nacimiento, ni estudios, ni obra, nada, sobre Alejandra. Sólo su nombre y sus poemarios. Tampoco se encuentra ningún estudio intelectualoide que perfile la interpretación del lector, que señale los puntos a acariciar. No hay guía para profundizar en Alejandra, aparecerá desnuda, y tendremos que desnudarnos junto a ella, si queremos sentirla. Es una edición como Alejandra fue: toda poesía, todo lenguaje<em>. Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa (El Infierno musical). </em>Fue toda lenguaje, todo poesía. En la edición sólo existen sus versos; sus poemarios ordenados cronológicamente. Sólo sus versos porque sólo y todo era poesía.</p>
<p><a href="javascript:abrir('ampliacion09',390,600)"></a>En julio de 1955 (tenía apenas 19 años) escribe en su diario: <em>«Aún no rechazo íntegramente el mundo. Aún me aferro a los engaños gestadores de ilusiones fantásticas. Aún sopla en mí la optimista esperanza de hallar el puente transitable entre los límites y el infinito. Aún no tengo conciencia de la total impotencia del hombre»</em></p>
<p>Imagino a Alejandra con apenas diez años sentada en un bordillo de cemento, en el patio de su colegio, con las manos entrelazadas, observando como el viento mueve una hoja de papel. Mientras sus compañeros saltan y corren.</p>
<p>Alejandra pertenece a esa clase de intelectuales llamados: <strong>“malditos” </strong>Esos Kafka, Pavese, Baudelaire, Bukowski, Salinger, Baroja, que poseían una visión del mundo personal y única. Una visión corrosiva y lúcida. Esos que decidieron seguir su camino a pesar de todo. Esos pensadores errantes.</p>
<p><em>Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.</em> (<em>El deseo de la palabra</em>)</p>
<p>Esa fue su existencia: una búsqueda constante por arrancarle al día horas para fundirse en el poema, para perfilar su cuerpo con palabras, para envolver el mundo con versos y letras. Pero siempre, creía, que iba detrás. Como el que corre tras algo y está apunto de alcanzarlo, pero siempre está apunto y nunca lo alcanza, siempre viviendo con esa alienante impotencia de búsqueda. Este poema pertenece a su poemario <em><span style="text-decoration: underline;">El infierno musical</span></em>. El último poemario que Alejandra Pizarnik escribió.</p>
<p><em>Que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir, </em>estaba cansada de las ceremonias del vivir, sólo deseaba escribir, dedicar cada minuto a <em>cada letra de cada palabra</em>. Alejandra, por aquella época, estaba internada en un siquiátrico, crisis e intentos de suicidio. Le dieron permiso para salir unos días por buen comportamiento. Ella sabía que no volvería, el sueño de arañar horas al día se había esfumado, el suicidio fue su último acto. El último verso que escribiría, pero no sería en  papel.</p>
<p>No sé que tiene el suicidio que me atrae tanto. Quizás porque creo que ellos lo utilizaron como el mayor acto de liberación. En<em> La Colmena</em> aparece una frase de Nietzsche (<span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #000000;"><em><a title="Aurora. Reflexiones sobre los prejuicios morales" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Aurora._Reflexiones_sobre_los_prejuicios_morales">Aurora. Reflexiones sobre los prejuicios morales</a></em></span>)</span>: <em>La compasión viene a ser el antídoto del suicidio, por ser un sentimiento que proporciona placer y que nos suministra, en pequeñas dosis, el goce de la superioridad.</em> Y si la compasión no existe, ¿qué sería el suicidio? ¿Un acto de liberación? ¿De cobardía? ¿De entrega? Alejandra no sentía compasión, porque no encontraba en la literatura superioridad (¿saben de qué les hablo?) sino la más pura y simple naturalidad. Y si su creencia, su dios: el lenguaje no le permitía alcanzar lo que deseaba, no le permitía encontrarse, <em>Explicar con palabras de este mundo/ que partió de mí un barco llevándome</em>. ¿Qué es el suicidio?</p>
<p>¿Por qué Cesare Pavese se suicidó, en una habitación de un hotel, tras haber recibido un premio literario?<br />
La búsqueda de la identidad, la existencia.<br />
<em>No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de transcribir relaciones ardientes.</em><br />
<em>¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.</em> (<em>Piedra fundamental</em>)<br />
¿Alejandra llegó a lo negro,  a lo estéril, a lo fragmentado?</p>
<p>A veces, cuando escribo hasta tarde, subo a la azotea a contemplar la oscuridad y escuchar el silencio(sí, soy un romántico) Entonces pienso en Alejandra, <em>Temo dejar de ser/ la que no fui // beber en el silencio/ adentro del silencio.</em> Ya no tienes que temer, por fin, eres silencio y oscuridad. Ya no tienes que sufrir frío ni sed. Ya no tienes que soportar las ceremonias del vivir.</p>
<p>Esta edición es un nodiálogo constante con Alejandra. Desde su primer poemario, quizá lo único que sustituiría, por el rechazo que siempre sintió Alejandra, es su primer poemario, símbolo de su infancia. Pasando por  <em>La Última Inocencia</em> (1956), <em>Las aventuras perdidas</em> (1958), aunque su primer gran poemario fue <em>Árbol de Diana</em> (1962) Donde la noche, el silencio y la soledad serán amigos inseparables que le ayudarán a soportar la tristeza, la angustia y la frustración.  Tras Árbol de Diana, llegarán tres poemarios que irán diluyendo la poca luz y esperanza que quedaba en Alejandra. <em>Los Trabajos y la noches</em> (1965), <em>Extracción de la piedra de la locura</em> (1968) y <em>El infierno musical </em>(1971).</p>
<p>Vida y obra un único ser. En la edición, sentiremos la caída al vacío de Alejandra, desde su juventud solitaria y triste, hasta el desarraigo, la continua búsqueda de su identidad y del lenguaje en su máxima expresión.  No acabó ninguna carrera universitaria, profundizó en la escritura y la pintura. Su vida fue una continua búsqueda, pero ¿de qué? ¿Hacia dónde?</p>
<p>Os confesaré algo: he llegado a amar esa decisión de búsqueda inquebrantable, esa indagación que no entendía de hambre ni sufrimiento, esa búsqueda que estaba avocada, como creo que ella siempre supo, como creo que también sabían esos <em>“malditos”</em>, al sufrimiento, a un fin que no comprendía de cristales en el suelo.</p>
<p>Rechazó el mundo. No aferrándose a los engaños gestadores de ilusiones fantásticas. Ya no soplaba en ella la optimista esperanza de hallar el puente transitable entre los límites y el infinito. Tenía conciencia de la total impotencia del hombre. Se suicidó de una sobredosis de soconal, en aquella salida de fin de semana.</p>
<p>Como estáis comprobando esto no es una crítica, ni este es el final sino su principio. Podéis empezar a leer por donde queráis, pero Alejandra Pizarnik siempre aparecerá inmutable, idéntica. Esto no es una crítica, más bien es lo que siempre soñé escribir, una carta a ella, a esa mujer frágil, sensible, miedosa y por encima de todo: poeta. Una carta a alguien con la que desearía tomarme un café a las dos de la madrugada, sentado, junto a ella, hasta el amanecer, sin dirigirnos la palabra. Yo he dado el primer paso, espero tú respuesta. Ya sabes dónde vivo.</p>
<p><em>Te alejas de los nombres</em><br />
<em>que hilan el silencio de las cosas.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong><em>Cold in Hand Blues</em></strong></p>
<p>y qué es lo que vas a decir<br />
voy a decir solamente algo<br />
y qué es lo que vas a hacer<br />
voy a ocultarme en el lenguaje<br />
y por qué<br />
tengo miedo</p>
<p><span style="color: #808080;"><br />
</span><span style="color: #808080;"><strong></strong></span></p>
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		<title>EL DOMINGO</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 23:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salvador Blanco Luque</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo no estuve aquel domingo con él. Me lo contó Julia, horas después. Mariela había muerto asfixiada en la mesa de una farmacia. No podía creerlo. Le habían picado varias avispas jugando en el patio trasero de su casa; el hermano de Núnez no se percató. Se le inflamó la laringe hasta que dejó de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-400"></span>Yo no estuve aquel domingo con él. Me lo contó Julia, horas después. Mariela había muerto asfixiada en la mesa de una farmacia. No podía creerlo. Le habían picado varias avispas jugando en el patio trasero de su casa; el hermano de Núnez no se percató. Se le inflamó la laringe hasta que dejó de respirar. Núnez la llevó en brazos hasta la farmacia, e intentó hacerle los primeros auxilios. Fue inútil.</p>
<p>Intento ordenar aquella semana extraña. Es el momento de hablar con Núnez. Ha pasado casi un año y necesito preguntarle por qué se comportó así, y desapareció durante dos meses, dónde estuvo, qué hizo. No sé por qué he dejado pasar el tiempo.</p>
<p>Después de ver a su sobrina, de tres años, tumbada en la mesa de la farmacia, con los labios morados y los ojos blancos, Núnez se marchó a su casa y se encerró en su habitación. Tardaron una semana en enterrar a Mariela. Durante ese tiempo apenas salía para comer, y si lo hacía, no hablaba con nadie. La mañana del segundo día, fui a su casa para saber como estaba. En el salón, lo vi tomarse un tazón de cereales sin apartar la mirada de la leche y sin decir absolutamente nada. Cuando terminó volvió a su cueva. Creí que se había vuelto loco. El cuarto día no pude soportarlo más y decidí hablar con él. Imaginé que necesitaría consuelo. No permitiría a mi amigo hundirse o sentirse solo. Me sorprendió descubrir que no me necesitaba. Él había decidido curar sus heridas con ceniza. Abrí la puerta como si tuviese miedo de cortar su llanto. Pero no lloraba. El cuarto estaba en penumbra, la única luz nacía de un flexo situado encima del escritorio. Me inquieté cuando olí a quemado. Me senté en la cama pegada a la pared, en la parte derecha, justo tras él. No dije nada al entrar, él no se movió. Estuve aproximadamente veinte minutos en la habitación. Allí presencié el ritual de mi amigo. Aquel ritual me trastornaría el sueño durante muchotiempo. Yo contemplaba su espalda, tenía la cabeza agachada, imaginé que leía. El silencio se hizo incómodo con el transcurrir de los minutos, y esperaba que se rompiese con el deseado pasar de las hojas, o con algún comentario, o incluso un suspiro; pero eso no ocurría, y yo no me sentía capaz de hablar. No sabía qué decirle. De improviso, escuché como arrancaba una hoja de aquello que leía. Se giró noventa grados a la derecha y, sobre una papelera de plástico, comenzó a quemar la hoja. ¿Qué haces? Pensé. Y entonces, descubrí en su mano derecha un rosario enredado. Di un leve salto y me pegué a la pared, mientras me aferraba al edredón. Se giró y siguió leyendo. Ese era su ritual: leer obsesivamente una hoja, mirar hacia el techo largo rato, arrancar la hoja, girarse y quemarla. Dos veces fui testigo de aquella inexplicable rutina, hasta que él me dijo, sin volverse: Vete, por favor. Quise decirle algo, darle ánimos, hacerle entender que estaba a su lado, pero no pronuncié palabra. Me levanté, y me disponía a marcharme, cuando no pude evitar mirar por encima de su hombro. Quería saber qué leía. Maldita curiosidad. Intenté borrar aquella imagen de Núnez leyendo la Biblia y, después, quemar sus hojas lentamente. Intenté olvidarlo pero no he podido. Con aquellas cenizas se esfumó una parte de él, tal vez lo que quiso quemar se haya convertido en nuestra distancia.</p>
<p>El siguiente domingo enterraron a Mariela. Temía que Núnez no interrumpiera su ritual para asistir al funeral. Asistió. Cuando llegué, el coche fúnebre se encontraba situado en la puerta de la iglesia. Julia, Paco, el Canijo y Manuel aguardaban un poco alejados del bloque de familiares, situados en el centro. Ellos no lloraban, tampoco lo hacía Núnez; sin embargo, los familiares se consolaban unos a otros.</p>
<p>Entramos en la iglesia. Núnez y su padre llevaban el ataúd, sólo necesitaban cuatro brazos, la pobre Mariela pesaba poco. Me senté en la cuarta banca, en la parte izquierda, cerca del pasillo; Núnez estaba en la segunda, en la misma posición. El sacerdote comenzó el sermón. Algunas personas se santiguaron. Oremos, dijo el cura, y el murmullo apenas se oía. Núnez no dejaba de mirarse los zapatos negros, ni si quiera se levantaba del banco cuando lo indicaba el cura.</p>
<p>&#8212; Y Jesucristo le dijo a Pedro: ¡Tú piensas como los hombres, fuera de aquí Satanás! Cuando lo iban a crucificar&#8212; gritó el cura, levantando los brazos al cielo. Comencé a prestar atención al cura, y descubrí que Núnez también lo escuchaba. Era un hombre imberbe y de hombros estrechos, sería colombiano o ecuatoriano, no supe distinguirlo. Alternaba el sermón con breves cánticos,<br />
que él mismo interpretaba, animándonos a seguirlo.</p>
<p>No entiende que esto es un funeral y la gente no le apetece cantar, pensé. Núnez seguía muy atento a las palabras del cura.<br />
…. No hay que temer a la muerte. Es una bendición&#8212; decía con una amplia sonrisa de idiota&#8212; ¡Si, hermanos, una bendición! Aquí estamos de paso, es nuestra muerte en vida para después morir y vivir eternamente&#8212; En aquel instante, imité que tosía para disimular la risa, no pude soportar aquella adaptación cutre de Santa Teresa de Jesús. Núnez mantenía las manos apoyadas en las rodillas.</p>
<p>…. Por eso nuestra hermana Mariela está con nuestro padre. Es difícil aceptarlo, pero debemos sentirnos felices, está en el Paraíso. Algún día podremos verla, pero todavía seguiremos en este mundo terrenal&#8212; y mientras bajaba los brazos y la cabeza, dijo: La pequeña Mariela es una afortunada.</p>
<p>Núnez se levantó y fue hacia el altar. El cura lo observaba con otra risita estúpida. Nunca imaginé lo que seguiría. Núnez sacó una pistola y apuntó a la cabeza del cura. Me puse de pie. Varias personas me imitaron, o tal vez las imité yo. Escuché gritos, palabras sueltas. No dije nada, sólo intentaba mantenerme rígido.</p>
<p>¿Qué coño haces, Núnez? Le gritó su padre. El hermano y el tío intentaron subir, pero Núnez dijo: Si sube alguien le pego un tiro, me da igual que sea de mi familia. Le creí, y ellos también, porque se quedaron clavados. Después todo fue muy rápido y difuso. Dos voces; los demás fuimos espectadores de una situación que creíamos irreal, que esperaba fuese irreal. Pero no lo fue.<br />
No sé por qué llevaba una pistola encima, aunque puedo imaginármelo. Supongo no soportó el sermón del cura desde el altar, los cánticos, y tener que levantarse y sentarse cuando el señor del vestido blanco lo ordenara. Explotó.</p>
<p>Lo que se dijeron en el altar, entre la tensión y la sorpresa, lo recordaba transfigurado, Julia y Manuel me ayudaron a reconstruir aquellas frases. Núnez le gritó al cura apuntándole con la pistola:</p>
<p>&#8212; ¿Qué es una afortunada? ¡Pero si sólo tenía tres años, hijo de puta!.</p>
<p>&#8212; Pero qué… ¡Tranquilícese, hermano! ¡Por favor, tranquilízate!-<br />
Le imploraba el cura con las manos levantadas.</p>
<p>&#8212; ¿Qué me tranquilice? Yo te voy a librar de todos tus pecados, hermanito mío. Ahora te vas a reunir con tu querido papá, para que le beses todo lo que quieras.</p>
<p>&#8212; ¡Tranquilo, por dios, tranquilo!</p>
<p>&#8212; Por dios, claro. Por dios y por los ángeles que te vas a reunir con ellos.</p>
<p>&#8212; ¡Tranquilo por dios, tranquilo! ¿Pero yo qué te he hecho?<br />
¡Dímelo qué te he hecho!-El cura estaba al borde del llanto, cada vez se encontraba más cerca del suelo.</p>
<p>&#8212; ¿Y tú crees que mi sobrina hizo algo?</p>
<p>&#8212; ¡No me mates, por dios!</p>
<p>&#8212; ¿Cómo que no? Pero si vas a ser un afortunado, hermanito.<br />
Vas a vivir en el paraíso y a dejar este mundo de mierda. Vas a cumplir tu sueño.</p>
<p>&#8212; Yo sólo me hice cura porque en mi país es la única manera decente de sobrevivir.</p>
<p>Aquella respuesta cambió la situación, lo pude ver en el rostro de Núnez. Comenzó a bajar el brazo como si la pistola fuese un detector de algo que él no comprendía, un detector con una luz que se había puesto verde. Yo seguía de pie, al igual que su hermano y su tío. Nadie hablaba, nadie se movía en la iglesia. Cuando su brazo derecho rozó la pierna y se detuvo, Núnez dijo:</p>
<p>-Joder que asco de mundo- No fue un reproche, ni un grito, por lo menos yo no lo sentí así, quizá un lamento, o pura impotencia. No lo sé, sólo dijo eso: Joder que asco de mundo. Y creo, esta impresión también la tuvieron Julia y Manuel, aunque esto es pensar por todos los que allí estaban, esas palabras las pronunciamos en algún momento todos, antes o después de aquel suceso, o mientras ocurría, o cuando Núnez se marchó con la pistola y comenzó la gente a abandonar la iglesia, o después en sus casas; pero creo que en algún momento todos murmuramos aquella frase.</p>
<p>Núnez se guardó la pistola y se marchó de la iglesia. Nadie le siguió. Anduvo desaparecido durante dos meses. Sus padres no avisaron a la policía. Creo que lo he dicho o pensado antes, lo conocían mejor que yo. El cura no lo denunció y sigue dando sus sermones en la iglesia del barrio, aunque suprimió aquel discurso y la palabra afortunada. Pero lo mejor de todo, o lo peor, o yo que sé, no sé como denominarlo; quizá lo más extraño, es que Núnez, desde su regreso, hace más de ocho meses, visita al cura casi todas las semanas. Cualquier día, menos los domingos. El Domingo para él no existe.</p>
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		<title>PUTAS ASESINAS DE ROBERTO BOLAÑO</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jul 2009 23:00:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salvador Blanco Luque</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 | Crítica literaria]]></category>

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		<description><![CDATA[
Obra: Putas Asesinas
Autor: Roberto Bolaño
Nº páginas: 225
Precio: 7,5 euros
Editorial: Anagrama
Empezaré desde el principio. Iba a comentar El mar invisible (2007) de Juan Cobos Wilkins. Ya estaba escrito. Pero no voy hacerlo. No porque la novela no merezca la pena, sino por necesidad de comentar otro libro. Surgió así, no hay que darle más vueltas. El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-262"></span></p>
<p>Obra: Putas Asesinas<br />
Autor: Roberto Bolaño<br />
Nº páginas: 225<br />
Precio: 7,5 euros<br />
Editorial: Anagrama</p>
<p>Empezaré desde el principio. Iba a comentar <em>El mar invisible</em> (2007) de Juan Cobos Wilkins. Ya estaba escrito. Pero no voy hacerlo. No porque la novela no merezca la pena, sino por necesidad de comentar otro libro. Surgió así, no hay que darle más vueltas. <em>El mar invisible</em> es una novela recomendable, aunque sea otra novela de la guerra civil, no es una más.</p>
<p>¿Por qué no he comentado la novela? Todo ocurrió (y no es un cuento infantil) en un alejado hotel en Roma. Hace poco viajé a Roma y junto al neceser, el cuaderno y tres bolígrafos, cogí el libro de cuentos <em>Putas Asesinas</em> de Roberto Bolaño (¿les gusta el título, eh?). Lo elegí porque iba de viaje y como me pasa cada vez que leo a Bolaño, siento unas inmensas ganas de pasear y observar. Y Roma, como comprobé, es propicia para este fin.  El hotel estaba alejado del centro, y el desayuno lo servían hasta las 9.30, por consiguiente había que levantarse temprano (estamos en crisis no hay que perdonar un desayuno pagado). A las diez  estaba caminando y observando, y a las siete, después de caminar siete u ocho horas, no distinguía el Coliseo de un puñado de piedras. En fin, a las ocho o las nueve estaba en el hotel, con  <em>Putas Asesinas</em> entre mis manos.</p>
<p>A los tres días lo terminé. Olvidé, desde que leí <em>Nocturno de Chile</em>, la atracción que me producía Bolaño. Una atracción nerviosa y dependiente. Me quedaban cinco días en Roma y <em>Putas Asesinas</em> descansaba en la mesita de noche. Decidí comprarme un libro, lo mío me costó encontrar una librería en español. Después de una hora seleccioné dos libros: <em>Lord</em> <em>Jim</em> de Conrad y <em>Al Faro</em> de Virginia Wolf. Lo medité muy poco, no me apetecía leer un libro de viajes con sus peculiaridades y nuevas visiones, cuando estaba viviendo un viaje con sus peculiaridades y sus nuevas visiones, demasiada información, aunque fuese de Conrad. Elegí <em>Al Faro</em>. Cuando llegué al hotel estaba nervioso como cada vez que vas a empezar un libro. En la página 13 lo dejé y me dormí. Pensé que era el cansancio de cuatro días de caminatas y pizza a todas horas. Pero a la siguiente noche, no leí ni diez páginas. Desistí. No es por desvalorar <em>Al Faro</em>, siendo junto al Ulises de Joyce los dos pilares donde se ha edificado la literatura occidental, pero me sentí como si empujase un buque atracado en la arena, cada página me costaba sudor. Ese fue el momento que decidí que no iba a comentar <em>El mar invisible</em>, sino que comentaría <em>Putas Asesinas</em>. Porque era Bolaño el que me hacía creer que empujaba un buque.</p>
<p><em>Putas Asesinas (2001)</em> consta de 13 cuentos, bonito número ¿verdad? Diría que es la semilla, el germen de donde surgirán sus grandes novelas. En el cuento “Fotos” aparecerá Arturo Belano personaje de su inconmensurable novela <em>Los detectives salvajes.</em></p>
<p>El sexo, agrio y sin ataduras, y sus límites; la soledad de unos personajes sin rumbo, perdidos;  la densidad agotadora del día a día; el abandono de cualquier ideología; el desamparo; o la violencia, serán el barro hierático con el que Bolaño, mediante un ritmo vertiginoso, un ambiente misterioso y una visión cruda, moldeará cada cuento. Os daré unas pinceladas de cada relato, quizás sea tedioso, quizás no.</p>
<p><em>Lo que son las cosas, Mauricio Silva, llamado el Ojo, siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década de los cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende.</em> Así comienza el relato <em>El Ojo Silva</em>, emigrante Chileno, solitario, homosexual, fotógrafo que vivirá en varios países, viajará a la India donde descenderá a los infiernos para acabar siendo la madre de dos niños castrados en la ofrenda a un dios. Con ese comienzo y el argumento lo dice todo.</p>
<p><em>Gómez Palacio</em>, profesor de un taller de literatura en un pueblo perdido del norte de México.</p>
<p><em>Últimos atardeceres en la tierra</em>, un padre y un hijo están en Acapulco de vacaciones, poco a poco sus días se deslizarán por una rampa hasta los infiernos.</p>
<p><em>Días de 1978</em>, habla del silencio, del rencor de las cosas que no se dicen a la cara. <em>Vagabundo en Francia y Bélgica</em>, es el mejor cuento, sin duda el mayor reflejo de la gran literatura que Bolaño nos ha dejado: <em>B ha entrado en Francia. Se pasa cinco meses dando vueltas por ahí y gastándose todo el dinero que tiene. Sacrificio ritual, acto gratuito, aburrimiento. A veces toma notas, pero por regla general no escribe, sólo lee.</em> B encontrará un antiguo número de la revista <em>Luna Park</em>, donde publican personajes que él conoce, excepto uno: Henri Lefevbre, por el que sentirá una muy peculiar obsesión.</p>
<p><em>Prefiguración de Lalo Cura</em>, sexo, droga, cine porno, asesinatos todo en un ambiente corrosivo, muy corrosivo.</p>
<p><em>Putas Asesinas</em>, lo mejor una muestra: <em>Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir. En el equívoco vivimos y planeamos nuestros ciclos de vida.</em> Voz del personaje de este delirio de cuento.</p>
<p><em>El Retorno</em>, Villeneve uno de los modistos más importantes del mundo disfruta acostándose con cadáveres, tendrá que afrontar que le hable el alma del que esa noche es su cita.</p>
<p><em>Buba</em>, tres futbolistas utilizarán ritos oscuros de sangre y sudor para que su equipo gane, el equipo podría ser el Barcelona, en una época próxima.</p>
<p><em>Dentista</em>, un adolescente que escribe cuentos prodigiosos.</p>
<p><em>Fotos,</em> aparecerá Arturo Belano, el protagonista de <em>Los Detectives Salvajes</em>.</p>
<p><em>Carnet de baile</em>, 69 razones para no bailar con Pablo Neruda, brilla por su originalidad y opinión, ahí va: <strong><em>62</em></strong><em>. Si Neruda hubiera sido cocainómano, heroinómano, si lo hubiera matado un cascote en el Madrid sitiado del 36, si hubiera sido amante de Lorca y se hubiera suicidado tras la muerte de éste, otra sería la historia. ¡Si Neruda fuera el desconocido que en el fondo verdaderamente es! <strong>63</strong>. ¿En el sótano de lo que llamamos “Obra de Neruda” acecha Ugolino dispuesto a devorar a sus hijos?<strong>64</strong>¡sin ningún remordimiento! ¡Inocentemente! ¡Sólo porque tiene hambre y ningún deseo de morirse! </em></p>
<p><em>Encuentro con Enrique Lihn,</em> momento onírico donde Bolaño, como personaje, hablará con el poeta Enrique Lihn, de la actual literatura chilena.</p>
<p>Aunque Gómez Palacio, Buba o Dentista sean cuentos más débiles que el resto, el conjunto es indudablemente una pequeña obra maestra, micro universos que sólo Bolaño puede crear entre la sordidez y la normalidad, entre el desaliento y la literatura. Acabo esta reseña inconclusa e imperfecta, con lo único que realmente quería decir aquí: Hay que leer y releer a Roberto Bolaño, sin más.</p>
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		<title>el compromiso del intelectual</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jul 2009 23:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salvador Blanco Luque</dc:creator>
				<category><![CDATA[4 | Ventana Abierta]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Preparados?Coged el primer diccionario que encontréis y, con la necesidad en los dedos, buscad la palabra intelectual. ¿Qué aparece?
“dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras” 
Decidir, en nuestra sociedad, ser intelectual, es igual que decidir ser electricista, carpintero, albañil, etc. Pero existe una débil y a la vez abismal línea diferencial. Para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-346"></span>¿Preparados?Coged el primer diccionario que encontréis y, con la necesidad en los dedos, buscad la palabra intelectual. ¿Qué aparece?<br />
<em>“dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras” </em><br />
Decidir, en nuestra sociedad, ser intelectual, es igual que decidir ser electricista, carpintero, albañil, etc. Pero existe una débil y a la vez abismal línea diferencial. Para que nos entendamos: cuando contratamos a un fontanero para que realice la instalación de la cocina de nuestra pequeña casita. El fontanero nos dice el tiempo que empleará y, claro está, el dinero que va a costar. Pues bien, imaginen: una noche densa, sosegada, con la brisa veraniega azotando nuestros sedientos cuerpos, a la luz de unas velas improvisadas para la ocasión y&#8230; De repente, empieza a salir agua de la cocina inundando nuestro apacible hogar. ¿Qué hacen? Claro, llaman de inmediato al fontanero y le piden explicaciones.<br />
Ahora, ¿Cuándo se le exige a un intelectual? Y muy importante, ¿cuál es su responsabilidad como tal, cuando se inunda la cocina?<br />
“Exigimos” al poeta que profundice en la metáfora sobre el amor; al filósofo que escriba más claro y conciso; al escultor que utilice en sus creaciones más colorido o menos; al pintor que retrate tal o cual figura, u objeto u…. pero en realidad nada se exige, se opina, se debate, ¿dónde está la responsabilidad? ¿El arte posee responsabilidad, compromiso? Muchos dirán que grandes obras se escribieron olvidando la realidad del momento. Cierto, pero hablo del intelectual no de su obra. Existen realidades que no dejan otra opción. Existen realidades que no te permiten leer a Neruda sin dejarte un regusto de traición en el paladar.<br />
La cocina para el intelectual es el mundo, las ideas, el pensamiento, la belleza, pero sobre todo el hombre.<br />
Gramsci decía que todos los hombres son intelectuales pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectual. En relación, Noam Chomsky explica que la diferencia que existe entre un taxista y un profesor de universidad es que el profesor de universidad tiene más recursos, más educación, más privilegios y puede ponerlos al servicio de acciones que tanto él como el taxista podrían hacer: la preocupación por otros seres humanos, la solidaridad, la disposición a crear un mundo mejor, etc. Se trata sencillamente de que el profesor tiene más responsabilidad porque tiene más recursos y que si opta por asumir esa responsabilidad puede hacerlo.<br />
Entonces, ¿qué ocurriría si todos tuviésemos verdaderamente los mismos recursos y en consecuencia la opción de llevar a la práctica dicha responsabilidad? ¿Qué ocurriría si todos pudiésemos ponernos al servicio de acciones que según Chomsky a todos nos gustaría? ¿Qué piensan?<br />
Piensen, que es la única parcela que no está hipotecada y ES LIBRE.<br />
Ángel González en su poema <em>“Me falta una palabra”</em> interpreta esa inundación que sufre la cocina, ese vacío existencial, esa hipocresía intelectual cuando la realidad es esa presencia constante que te atraviesa una y otra vez.<br />
Me falta una palabra, una palabra<br />
sólo.<br />
Un niño pide pan; yo pido menos.<br />
Una palabra dadme, una sencilla<br />
palabra que haga juego<br />
con&#8230;<br />
Qué torpes<br />
mujeres sucias me interrumpen<br />
con su lento<br />
llorar&#8230;<br />
Comprended: cualquiera de vosotros,<br />
olvidada en sus bolsos, en su cuerpo,<br />
puede tener esa palabra.<br />
Cruza más gente rota, llegan miles<br />
de muertos.<br />
La necesito: ¿No veis<br />
que sufro?<br />
Casi la tenía ya y vino ese hombre<br />
ceniciento.<br />
Ahora&#8230;<br />
¡Una vez más!<br />
Así no puedo.<br />
Vemos como el poeta va alternando dos discursos, planteando así la lucha interior que está sufriendo. Esta lucha interior posee dos frentes: el deseo de crear belleza literaria y la necesidad de explicar la realidad que le rodea. La frase final “Así no puedo” da forma al sentimiento de impotencia que le domina por la lucha Belleza/Conciencia, situando la realidad por encima del arte. Su frustración vital le impide encontrar una simple palabra.<br />
¿Han sentido alguna vez una sensación parecida como si fuese una ráfaga, mientras contemplaban una realidad concreta? Quizás mientras disfrutaban de un café espumoso, o paseando por la orilla de un río, o quizás… ¿Han masticado esa impotencia, esa angustia rabiosa? Quizás mientras veían un noticiario, o caminaban solos, o leían a Neruda en un parque silencioso, o quizás… ¿Lo han sentido?<br />
¿Encontraron la palabra?</p>
<p>Durante la guerra cilvi española María Zambrano escribe:<br />
<em>“Si otors ofrecen su vida sobre la tierra helada en las trincheras, no hará nada de más el intelectual arriesgando su existencia de intelectual, aventurando su razón a un alumbramiento del mundo, que se abre camino a través de la sangre”</em><br />
María Zambrano escribió, <em>“todavía hay quien se extraña, pero convendría recordarles que en los días del nacimiento de la razón, cuando Grecia, con maravillosa y fragante intuición, se quiso representar a la diosa de la sabiduría, Atenea, se la vistió con casco, lanza y escudo. La razón nació armada, combatiente. Se había olvidado esta razón militante en el mundo moderno, dentro del cual, cuando la inteligencia se mezclaba a la luchas sociales se la consideraba de menor rango, perdida ya de su condición de captar la verdad, pues se estimaba únicamente la desvinculación de los intereses reales podía llevar ella. Se creía en una verdad ideal, y la razón, ebria de sí misma, se creía invulnerable, absoluta, con lo cual, sin dejar de ser contemplativa, se creía legislar el mundo.” </em><br />
Y si todos, como dice Gramsci, somos intelectuales que no haremos de más por cambiar el mundo.<br />
¿Qué piensan?</p>
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		<title>DINERO de Pablo García Casado</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jul 2009 23:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salvador Blanco Luque</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 | Crítica literaria]]></category>

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		<description><![CDATA[
Obra: Dinero
Autor: Pablo García Casado
Nº Páginas: 60
Precio: 8 euros
Editorial: DVD ediciones
Hace tiempo asistía a un taller de creación literaria en la Fuensanta. Ya no lo hago, no porque no lo desee, sino por esa alienante falta de tiempo. ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? Allí dejé personas queridas. Aunque la escritura sigue acompañándome. Pero lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-257"></span></p>
<p>Obra: Dinero<br />
Autor: Pablo García Casado<br />
Nº Páginas: 60<br />
Precio: 8 euros<br />
Editorial: DVD ediciones</p>
<p>Hace tiempo asistía a un taller de creación literaria en la Fuensanta. Ya no lo hago, no porque no lo desee, sino por esa alienante falta de tiempo. ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? Allí dejé personas queridas. Aunque la escritura sigue acompañándome. Pero lo que más hecho de menos son los pequeños descubrimientos. Cada martes tocábamos un tema: narrador, estilo, ritmo… y a cada explicación un ejemplo, y ahí siempre existían pequeños descubrimientos, fogonazos en verso o en prosa que te estremecían. Así descubrí a Pablo García Casado, sin esperarlo, con el timbre de voz de Julián (el profesor) pausado, versos que yo entendía cortados y sin ritmo, pero que me removieron de forma inexplicable.</p>
<p>No recuerdo qué tratábamos aquel día, pero sí los dos poemas que leyó Julián de Casado: <em>Himno</em> y <em>Sevilla Este </em>(leerlo, está abajo<em>)</em>, los dos poemas que os presento en la reseña. Como dice Ismael Serrano en una canción que no recuerdo su nombre <em>“El caso es que me afectan las cotidianas tristezas”</em> <em>Sevilla Este</em> quedó grabado en mí como una cotidiana tristeza. Me dejó pensativo ante la visión de aquel hombre, que podía ser cualquiera (mi padre, un amigo) de rodillas ante un cajero automático. Tan real y triste.</p>
<p>Al día siguiente compré <em>Dinero</em>. Después de leerlo, de un tirón, aunque ciertos profesores dicen que un poemario no se lee de una vez. Hay cosas que no se leen apaciblemente, y eso era Dinero. Comprendí que no “<em>seremos caníbales dentro de poco y que no habrá carne suficiente para todos”</em> sino que ya éramos caníbales. Vi a mi padre, de rodillas ante el cajero automático, devorándose a sí mismo. Comprendí que éramos caníbales por unos papeles manchados, por unos papeles que realmente no existen, unos papeles inventados para devorarnos.</p>
<p>Y así descubrí a García Casado, en un taller al que ya no asisto, con la música de un autor al que llevo tiempo sin escuchar, con la voz de alguien a quien no veo. Pero a un  poemario que vuelvo de vez en cuando.</p>
<p>Ese mismo día, metí su nombre en google (joder que gran invento) para conocer un poco sobre él. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que era cordobés, es extraño como te enorgullece que alguien sea paisano tuyo, te inunda una cercanía incomprensible. Conocí a García Casado a la inversa de su obra. Desde lo último que publicó a lo primero. Después de <em>Dinero</em>, leí <em>El Mapa de América</em> (2001), habla del deseo de abandonarlo todo y huir. Su primer y último poemario que leí, <em>Las Afueras</em> (1997), que obtuvo una acogida asombrosa, ganador del I Premio Ojo crítico de RNE y fue finalista del Premio Nacional de Poesía.</p>
<p><em>Dinero (2007)</em> título rotundo y  propio, con una poesía en prosa, rectilínea, sin extravagancias, que te hace pensar sobre si es o no es poesía, pero después de leerlo, de arrodillarte ante el cajero, lo descubres. Un poemario donde se acerca a la identidad y el alma de las sociedades civilizadas. Un collage del día a día. El Dinero será el principio y el fin, el tiempo, una religión. Aparecerán frases que hemos escuchado infinidad de veces. Situaciones cotidianas. Voces familiares. Rostros propios. Rincones visitados una y otra vez. Cada poema va perfilando con un escúter oxidado la figura del día a día. Una sucia realidad. La mejor manera de expresarlo es mostrando un poema:</p>
<p><strong><em>SEVILLA ESTE</em></strong><strong><span style="text-decoration: underline;"><br />
</span></strong></p>
<p><em>Es un hombre que camina solo por el barrio. Un martes por la mañana a la hora en que los demás trabajan. Que mira su teléfono móvil comprobando que funciona correctamente, que tiene suficiente batería y cobertura. Que todavía puede controlar la situación. Es un hombre a la espera de noticias, que ha salido de casa porque necesita pensar, pensar en algo. Su mujer lo mira desde el balcón con el niño en brazos, el camisón deja entrever los pechos caídos de la maternidad. Pechos una vez de brillantina, la locura de la sala de fiestas, todos esos hombres y sólo tú, con tu cara de pájaro. Ven aquí, voy a llevarte lejos de este infierno, tengo negocios. El mismo hombre que hoy se arrodilla en el cajero automático y que suplica, perdónanos, Señor, perdónanos.</em></p>
<p>Poemas como Ajuar, Felicidad, Bar, Pródigo; son auténticos seísmos que destrozan los cimientos de la realidad mostrándola egoísta, sucia, falsa. Como dice García Casado en su poema Dinero: <em>“no es un ambiguo sentimiento de angustia, es dinero”.</em> Un poemario que te hace reflexionar sobre el papel del dinero en nuestra vida, creando y deshaciendo relaciones, hundiendo a las personas en el fango, dando forma a la belleza y al sentido, que te hace mirar un billete de veinte euros no como un ambiguo sentimiento de angustia sino como simple, puro y asqueroso, Dinero.</p>
<p><strong><em>HIMNO</em></strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><em>“Por ti las madrugadas y el estiércol, la mentira en la boca y la amenaza. Por ti agachar la cabeza, vender mi nombre y renunciar a los sueños. Por ti el desvelo y la espalda quebrada. Por ti colgar el teléfono, marcar de nuevo y decir, está bien, lo que usted diga. Por ti cosas sucias de las que no me arrepiento. Porque tú me mantienes con vida. La boca que se dibuja cuando estoy a punto de abandonar. Tú, la belleza y el sentido.”</em></p>
<p><img title="More..." src="http://www.ohjassueltass.com/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" alt="" /></p>
]]></content:encoded>
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		<title>FELIZ CUMPLEAÑOS MATEO</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jul 2009 23:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salvador Blanco Luque</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[Ayer recibí una carta en la oficina. Creí que sería una tarjeta felicitándome por mi cuarenta y siete cumpleaños. Me equivoqué. Abrí el sobre, confiado. En un folio había escrito a ordenador una dirección: Av. de Libia; Hotel los Arcos y una llave, habitación 203; supuse que sería del mismo hotel. ¿Qué significa esto?, pensé. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-341"></span>Ayer recibí una carta en la oficina. Creí que sería una tarjeta felicitándome por mi cuarenta y siete cumpleaños. Me equivoqué. Abrí el sobre, confiado. En un folio había escrito a ordenador una dirección: Av. de Libia<em>; Hotel los Arcos</em> y una llave, habitación 203; supuse que sería del mismo hotel. ¿Qué significa esto?, pensé. Paralizado, observaba el infinito en mi cómodo sillón de masajes. Mi mente comenzó a vagar por conjeturas, por mares agridulces, por tormentas ácidas. ¿Qué significa esto, Mateo?, volví a preguntarme. No, no, no, ella no, me dije; mientras aferraba más fuerte -a cada “no”- el folio con aquella dirección. Apoyé la cabeza en mis manos, mientras mis codos soportaban todo el peso de mis pensamientos. ¡Ella no puede hacerme esto!, grité; o quizás fue mi mente la que gritó. Después de unos segundos repitiendo aquella frase una y mil veces, noté que un sudor gélido se había apoderado de mi cuerpo, y sentía como subía carraspeando mi cerebro. Miré al techo recién pintado de un color amarillo pajizo que me pareció indigno. Y volví a gritar o volví a imaginar que gritaba: ¡Juan te voy a matar!</p>
<p>Me levanté, doblé cuidadosamente el folio y lo guardé en el bolsillo derecho del pantalón. Me alisé concienzudamente el traje y salí de mi despacho, austero; más que austero, jodido. Y creo que más que jodido, salí muy decidido y seguro de que iba a matar a Juan.</p>
<p>Todo concuerda, todo está relacionado, pensaba mientras salía de mi oficina. Soy o era, la verdad que no le sé, administrativo en nuestra amada hacienda, en la calle <em>Gran Capitán</em>. Venía sospechando esto desde hace mucho tiempo y quizás empezasen antes de que yo lo intuyese. No es normal esa confianza que tenían últimamente, pensaba, … tan descarada, tan amiguitos. ¡Mi amigo de toda la vida! Por eso me pidió si podía quedarse una temporada en mi casa, después del divorcio con su mujer que lo echó de casa porque lo había pillado con la panadera, ¿con la panadera? ¡Será hijo de puta!, con la panadera, ¡y una mierda, con mi mujer! Dejé que entrase en mi casa para que jodiese a sus anchas con ella, ¡seré gilipollas! Que incluso Darío ha cuidado de él. Que le ha levantado el ánimo, llevándolo a museos, a conferencias literarias, al taller de poesía donde él practica, vamos a ser sinceros, su nefasta poesía. Que bueno ha sido Darío con, con… y encima va el hijo de puta y se folla a su madre. Y en ese momento reflexioné: Esos ojos pardos y arabescos, esa piel blancuzca, su metro setenta y dos. Y yo, ojos claros, metro ochenta y seis, y con piel acaramelada, ¡joder, joder, joder!, ¡Juan estás muerto! Eso es lo que vagaba por mi mente, o eso es lo que recuerdo.</p>
<p>Un olor se cruzó ante mí, ante mi iluminación mental, era un olor aceitoso, resbaladizo; y entonces recordé una serpiente, y después pensé en una hiena, y eso me trasportó al engaño que estaba sufriendo y aterricé en las manos de Alberti, y dentro de él -o quizás dentro de mis recuerdos- vislumbré una poesía. Una poesía que como un candil morisco, me llevó de la mano hasta mi decisión. Así lo voy hacer, pensé. Cuando le corte el cuello, escribiré en la pared: <em>Alguien detrás, a tu lado/ tapándote los ojos con palabras/ Detrás de ti, sin cuerpo/ sin alma/ ahumada voz de sueño</em> (cuello quedaría mucho mejor)<em>/ cortado… Y alguien detrás, a tu espalda, siempre</em> (ese seré yo) <em>For Juan.</em></p>
<p>¡Con tu sangre mi querido amigo!, me dije entre dientes.</p>
<p>¿Y tú? Desgraciada, pensé. Yo que mi vida te he dado, y que he sacrificado mi futuro bohemio por esta mierda de trabajo burocrático, y solo para que tuvieses una mansión como tus amiguitas engreídas y tus joyas, y tus vestidos de diseño, y tus  perfumes del rincón más insospechado, y zapatos, y bolsos, y… sólo para ti. Y encima te dediqué lo más hermoso que he creado en mi vida, mi libro de poemas. Solo dedicado a ti<strong>:</strong> <em>Veinte poemas para María,</em> como mi querido, amado y abandonado Neruda. Sí, abandonado. Porque a él también lo abandoné, y a la belleza de Góngora, y a Juan Ramón, y a Federico, y a Alberti, y… a todos. Sí, a todos por ti. Porque sólo puedo encontrarme con ellos en la madrugada, después de doce horas de trabajo alienante en una soledad forzada, irreal, sin goce. Sólo por ti. ¿Y tú cómo me lo agradeces? Jodiendo con mi amigo. ¡Puta!. Y cuando dije “puta” me sobresalté, desperté de mis delirios, de mis divagaciones. Y me di cuenta qué no sabía cómo había llegado allí. Estaba en la Av. Barcelona, cerca de mi casa (yo vivo en la Fuensanta, cerca del cementerio San Rafael). No lo recordaba o quizás sí, bueno ahora mismo creo que no lo recordaba. ¿Cuánto tiempo estuve divagando? no lo sé, ¿dónde había estado? tampoco lo sé. Quizás estuve todo el tiempo en el parque Colón, sentado en un banco, estrujándome el corazón, o quizás después de salir de la oficina corrí desesperado atravesando la Av. De las Ollerías<em> </em>hasta que el aliento me faltó y me paré, o quizás no. No sé dónde ni cuánto tiempo. Sólo sé que inconscientemente me dirigía a la dirección escrita y al correspondiente <em>Hotel los Arcos</em>.</p>
<p>Mis ojos se centraron obsesivamente en un lugar: <em>Ferretería Garrido</em>, justo al lado del <em>Banco La Caixa</em>. Entré decidido. Dame el cuchillo más grande que tengas, le dije al dependiente, que era un chico muy joven y me preguntó en un tono jocoso, si era para matar a alguien. Fríamente le dije que era para cortarle el cuello a mi mejor amigo que en ese mismo momento estaría montándose a mi mujer. Vi como le cambió la cara, palideció e incluso diría que se pensó por unos instantes venderme aquel cuchillo. Pero los ochenta y cuatro euros solucionaron el problema. ¿Se lo envuelvo?, me preguntó. “No te preocupes, si lo voy a utilizar ahora mismo”, le respondí igual de serio, y me marché, dejando al muchacho con un nudo en la garganta, o quizás el nudo era mío. Aproximadamente, diez minutos tardé en llegar al hotel. <em>Hotel Los Arcos</em>, quince veces lo leí en la puerta, o quizás sólo fuesen dos, pero se me hicieron eternas. He pasado miles de veces por aquí, pensé. Entré. Es el típico hotel para camioneros, viajantes, representantes de lo que sea, y también el típico que utiliza tú mujer para ponerte los cuernos con tu mejor amigo.</p>
<p>Hola, ¿desea algo?, me dijo el recepcionista, que estaría a punto de morirse de un momento a otro por lo que pude observar por el rabillo del ojo. No le respondí, subí las escaleras como si fuese un bloque de hielo. En mi mente sólo existía la <em>habitación 203</em>. Conforme subía lentamente los escalones, la bolsa donde había introducido el cuchillo el muchacho, parecía que me quemase la mano. A cada paso, sentía como si el cuchillo me hablase: Mateo, Mateo, Mateo.</p>
<p>Estuve un tiempo indeterminado, como si lo masticase, mirando el número <em>203</em> de la habitación. Cinco segundos, veinte minutos, una hora, no lo sé. Sólo recuerdo los jadeos en su interior, los quejidos y mi imaginación construyendo aquella acción, mi mujer con Juan. Gozando sin remordimiento, creo que pensé que incluso se excitaban nombrando mi nombre. Y entonces volví a sentir que la bolsa me quemaba, y que el cuchillo me hablaba, y que mi cuerpo estaba a punto de estallar, y sólo pude decir: ¡Juan estás muerto! Cuando pronuncié la frase, metí la llave en la cerradura. Abrí la puerta despacio, no sé por qué, pero así lo hice. Todo estaba oscuro. La persianas estaban bajadas, todo cerrado, había velas por todas partes, un olor a incienso se apoderó de mí. Cuando mis ojos se acostumbraron a la lobreguez de la habitación; los vi, o mejor dicho, vi sus siluetas. La cama estaba en la parte derecha de la habitación. Ella estaba a cuatro patas, y él metiéndole su asquerosa verga por detrás. Vi sus movimientos, el sudor brillando en una oscuridad indeleble, sus rebuznos, el rechinar de la cama, lo vi todo. ¿Cuánto estuve allí contemplando el derrumbe de mi vida? No lo sé. Hasta que ellos se percataron de mi presencia. Entonces comencé a responder a las voces ensordecedoras del cuchillo, y a recordar el poema de Alberti que iba a escribir con la sangre de Juan, creo recordar que sonreí o que sonrió mi alma. Hasta que escuché: ¿Qué haces aquí papa?; ¡Esto no es lo que parece, Mateo!, de verdad, déjame que te explique. Aquellas palabras, aquel tono de voz, acallaron las voces del cuchillo. ¿Qué pasó? no lo recuerdo, ¿qué dije? tampoco lo sé. Sólo sé que me marché con mi bolsa y mi cuchillo. Entré en la primera floristería que vi y compré un ramo de tulipanes, los favoritos de María. Cuando estuve en la calle con el ramo entre mis manos, miré al cielo, y me pareció el más hermoso que jamás había visto, y me dije: <em>Feliz cumpleaños Mateo.</em></p>
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		<title>UNO TERMINADO EN CINCO.</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Apr 2009 08:28:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salvador Blanco Luque</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[
Puedo sentir como se acerca. Deslizándose por un camino de baldosas amarillas. Abriéndose paso a través del bullicio de la gente, de las castañas requemadas de Marcos, del áspero café de Carmen, del constante roce del viento. Puedo sentirte cuando llegas. Tus pasos cortos y rápidos, la respiración acelerada, ansiosa la voz.
El plomo húmedo baja [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-107"></span><br />
Puedo sentir como se acerca. Deslizándose por un camino de baldosas amarillas. Abriéndose paso a través del bullicio de la gente, de las castañas requemadas de Marcos, del áspero café de Carmen, del constante roce del viento. Puedo sentirte cuando llegas. Tus pasos cortos y rápidos, la respiración acelerada, ansiosa la voz.<br />
El plomo húmedo baja lentamente por mi traquea cuando siento que te acercas. Te sorprendes cada vez que te saludo: Buenos días Ramón&#8230; siempre la misma respuesta…Un día de estos me explicarás como lo haces. Pero cada vez el plomo más pesado es.<br />
¿Tienes uno terminado en cinco? siempre guardo uno para ti, desearía decirte, para que dibujes una leve sonrisa de falsa esperanza en tu rostro, para que relajes la respiración, aunque sólo sea mientras te doy el cambio.<br />
¿Qué te hará jugártelo todo a una carta? ¿Qué soportará tu espalda para confiar en el traicionero azar? Te despides con un confiado adiós, y te marchas con pasos largos y la respiración memorizando cada número, pensando… todo se va arreglar.<br />
Y sé que volverás una y otra vez a pedirme uno terminado en cinco.</p>
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		<title>EL SACO BLANCO</title>
		<link>http://www.ohjassueltass.com/2009/04/el-sano-blanco/</link>
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		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 23:00:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salvador Blanco Luque</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[
Cuando abrió la furgoneta el saco blanco se encontraba esturreado en el suelo, en el rincón del fondo, agazapado contra el metal, frío, resbaladizo, inerte, como si quisiese escapar de sus manos, saboreando aquella lúgubre estancia móvil.
En el momento que arrastraba el saco blanco le sonó el móvil.
- Dime Carlos….……hombreeee enhorabuena. Entonces ya eres papá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-95"></span><br />
Cuando abrió la furgoneta el saco blanco se encontraba esturreado en el suelo, en el rincón del fondo, agazapado contra el metal, frío, resbaladizo, inerte, como si quisiese escapar de sus manos, saboreando aquella lúgubre estancia móvil.<br />
En el momento que arrastraba el saco blanco le sonó el móvil.<br />
- Dime Carlos….……hombreeee enhorabuena. Entonces ya eres papá (mientras colocaba en la carretilla el saco blanco). Y como se iba a llamar que no me acuerdo… Cecilia bonito nombre. ¿Cuánto ha pesado? ¿Y las manitas son tan pequeñas como creías? ¿Ojos verdes como su madre? Bueno tan feos no son los tuyos. Tu mujer bien verdad? okei (puso el pie en la rueda y apretó fuertemente las correas de arriba) y cuándo va a ser el bautizo…que pronto ¿no? Pues si te lo pagan aprovecha (y las de abajo, dejando el contenido sin forma, perfectamente sujeto). Esto quiere decir que no querrás que mañana te machaque jugando al padel. Eso es muchacho eso es. Y ¿asististe en vivo y en directo al milagro de la vida? si es que eres muy sensible (puso el maletín encima del saco blanco mientras empujaba la carretilla), lo que voy hacer es llamar a Fernando y a Joaquín para celebrarlo, invitando tú por supuesto (odio este olor a moqueta rancia pensó, justo cuando entraba a la empresa) vale, vale, no llamo a Mario, joder que rencoroso eres.( le quitó las correas y como si fuese un saco de patatas lo tiró en la mesa de metal) bueno Carlos te voy a dejar, que me tengo que poner manos a la obra. Ahora mismo acaba de llegar el jefe y no quiero que me de otra charlita. Nos vemos mañana y me presentas a esa preciosidad.<br />
Se guardó el móvil. Encendió los focos y abrió el saco blanco. Al instante entró el jefe.<br />
-¿Cómo se llama?<br />
- Cecilia Martos.<br />
-¡Joder Adrián le has roto un hombro!, por qué no tienes más cuidado. Luego soy yo el que tiene que dar explicaciones a los familiares. Quiero que la dejes como si volviese a tener veinte años.<br />
-¿edad?<br />
- noventa y dos años.</p>
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		<title>Anarquismo, ¿Utopía o Realidad posible?</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 23:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salvador Blanco Luque</dc:creator>
				<category><![CDATA[1 | Dicotomía menguante]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos Políticos]]></category>

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… sin gobierno salisteis del vientre de vuestra madre…
Y sin gobierno os iréis, u os llevarán a la sepultura…
(Don Quijote de la Mancha. Parte II , Cap. V)

La palabra Anarquía es un concepto mal entendido, tergiversado. Se considera un movimiento profundamente negativo, que exalta el desorden y el caos, y lo lleva acabo a través [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-7"></span></p>
<p><em>… sin gobierno salisteis del vientre de vuestra madre…<br />
Y sin gobierno os iréis, u os llevarán a la sepultura…<br />
(Don Quijote de la Mancha. Parte II , Cap. V)<br />
</em><img class="size-thumbnail wp-image-32 alignleft" title="anarquismo" src="http://www.ohjassueltass.com/wp-content/uploads/anarquismo-150x150.jpg" alt="anarquismo" width="216" height="216" /></p>
<p>La palabra Anarquía es un concepto mal entendido, tergiversado. Se considera un movimiento profundamente negativo, que exalta el desorden y el caos, y lo lleva acabo a través de actos violentos. Asimilación que surge de postulados tomados fuera de contexto, y como herramienta para desprestigiar un movimiento tan significativo como ha sido el Anarquista. El Anarquismo no pretende suplantar el orden por el desorden, sino la creación de una so ciedad que no tenga reglas ni leyes porque estas no son necesarias, salvo las puramente innatas en el ser humano. Una sociedad sin Estado, sin propiedad privada, sin clases sociales. Una sociedad natural. Que se sustente bajo los principios de solidaridad y ayuda mutua entre las personas, desarrollados espontáneamente.<br />
Ciertamente que la idea de una sociedad sin Estado provoca un vacío, una sensación de inseguridad, un no se qué que… La misma sensación produce pensar en una sociedad sin capital privado, sin clase política, sin jerarquías sociales.</p>
<p>Todos hemos sido amamantados con los pilares y los adoquines de los siglos, con las funciones divinas del Estado, con la explotación de los sustentadores del capital por el resto. Para mantener estos prejuicios inmutables se han inventado y enseñado sistemas filosóficos, decretado leyes, costumbres, periódicos, revistas, programas de televisión.<br />
Como decía P. Kropotkin: “Toda la política se funda en ese principio, y cada político, cualquiera que sea su matiz, dice siempre al pueblo: &#8211; ¡Déjame el poder; quiero y puedo librarte de las miserias que pesan sobre ti!- Abrid cualquier libro de sociología, de jurisprudencia, y encontraréis en él siempre al gobierno, con su organización y sus actos, ocupando tan gran lugar que nos acostumbramos a creer que fuera del gobierno y de los hombres de Estado ya no hay nada. La prensa repite en todos los tonos la misma cantinela. Columnas enteras se consagran a las discusiones parlamentarias, a las intrigas de los políticos; apenas si se advierte la inmensa vida cotidiana de una nación en algunas líneas que tratan de un asunto económico, a propósito de una ley, o en la sección de noticias o en la de sucesos del día. Y cuando leéis esos periódicos, lo que menos pensáis es en el inmenso número de seres humanos que nacen y mueren, trabajan y consumen, conocen los dolores, piensas y crean, más allá de esos personajes de estorbo, a quienes se glorifica hasta el punto de que sus sombras, agrandadas por nuestra ignorancia, cubren y oculten a la humanidad”.<br />
El historiador anarquista Rudolf Rocker dijo que: “la propia libertad no es un concepto absoluto, sino relativo, pues tiende constantemente a expandirse y a afectar a círculos cada vez más amplios con una diversidad creciente.</p>
<p>Para el Anarquista, la libertad no es un concepto filosófico abstracto, sino la posibilidad concreta y vital de cualquier ser humano para llevar a su pleno desarrollo todos los poderes, capacidades y talentos con los que le ha dotado la naturaleza y obtenga de ellos un provecho social”.<br />
¿Qué poderes, capacidades y talentos nos ha otorgado la naturaleza para obtener de ellos un provecho social?<br />
¿Realmente, somos libres?<br />
¿Soy libre con una hipoteca que me asfixia? ¿Con unos alimentos que suben cada día más sin saber por qué? ¿Por el gasoil que restringe mis pasos?<br />
¿Soy libre cuando aún existen: tributos, condes, reyes, escalas sociales?<br />
¿ Soy libre cuando me siento alienado en mi trabajo( si tengo la suerte de haber nacido en un país desarrollado) o explotado, pisoteado, exprimido como una naranja, gota a gota hasta quedar abierta, seca, moribunda (si he nacido en Latinoamérica, África o Asia).<br />
“La liberación seria, definitiva y completa de los trabajadores sólo es posible con una condición: la apropiación del capital, es decir, de sus materias primas y del conjunto de instrumentos de trabajo, incluida la tierra, por la totalidad del cuerpo de los trabajadores”. (Rudolf Rucker)<br />
Y ahora pensemos: una nueva forma de posesión requiere una nueva forma de retribución. Una nueva forma de producción no podría mantener la antigua forma de consumo, como no podría amoldarse a las formas antiguas de organización política. ¿Qué significa esto?<br />
N.Chomsky expone que el problema de liberar al ser humano de la maldición de la explotación económica y de la esclavitud política y social, sigue siendo el problema de nuestro tiempo. Rocker con el mismo planteamiento que Chomsky, aunque muchos años antes, formula que el método para liberar al ser humano no es ni la conquista del Estado y el ejercicio de su poder, ni el entontecedor parlamentarismo, sino que, por el contrario, consiste en: reconstruir la vida económica de los pueblos desde la base, edificándola en el espíritu del socialismo.<br />
Mientras Rocker escribía y reflexionaba… las ideas anarquistas eran llevadas a la práctica en la Revolución Española, en aquel año de los contrastes 1936. No sólo en los campos de Andalucía, Valencia, Extremadura, sino también en la Barcelona industrializada. Y los resultados fueron sorprendentes. La producción aumentó sin ningún tipo de autoridad ni jefes, pura y simple organización de los trabajadores.<br />
El economista anarcosindicalista Diego Abad de Santillán escribió “…al afrontar el problema de la transformación social la revolución no puede considerar al Estado como un medio, sino que ha de apoyarse en la organización de los productores”.<br />
El sueño de la libre asociación, y la dulce vida libre fue exterminado por la sublevación de aquel mal llamado ejército nacional, que dio lugar a un sintiempo inerte, sembrado con voces y sueños, silenciando una manera diferente de desear vivir la vida.<br />
A lo largo de la historia el sentimiento de justicia del ser humano ha ido moldeando a la sociedad. Gracias a la sangre de los inconformistas, de los que creían que otro mundo más justo era posible. No por ningún gobierno, ni Estado, aunque al final en la historia aparezcan nombres propios, fueron los anónimos quienes amasaron y moldearon. Sangre, sangre y más sangre ha costado moldear una figura de igualdad y solidaridad. Sangre costó abolir la esclavitud, los derechos humanos costó sangre, sangre la libertad de expresión y el derecho de asociación libre costó sangre, el acceso a la universidad de la mujer costó sangre, sangre pensar, sangre hablar, sangre derrocar al tirano, sangre y mucha sangre que queda por derramar. Aunque espero que en vez de sangre, se derramen palabras para perfilar una sociedad más justa para todos.<br />
Si el Anarquismo tuviese que ser dibujado sobre un delicado tapiz, el pincel, lentamente, se deslizaría sobre cada una de las palabras que dijo Bakunin cuando, refiriéndose a la Comuna de París, se identificó a sí mismo como: “amante fanático de la libertad, considero que es la única condición bajo la cual la inteligencia, la dignidad y la felicidad humana pueden desarrollarse y crecer; no la libertad puramente formal concedida, delimitada y regulada por el Estado, un eterno engaño que en realidad no representa otra cosa que el privilegio de algunos fundado en la esclavitud del resto; no la libertad individualista, egoísta, mezquina y ficticia ensalzada por la escuela de J.J.Rosseau y otras escuelas del liberalismo burgués, que entiende que el Estado, limitando los derechos de cada uno, representa la condición de posibilidad de los derechos de todos, una idea que por necesidad conduce a la reducción de los derechos de cada uno a cero. No, yo me refiero a la única clase de libertad que merece tal nombre, la libertad que consiste en el completo desarrollo de todas las capacidades materiales, intelectuales y morales que permanecen latentes en cada persona; libertad que no conoce más restricciones que aquellas que vienen determinadas por las leyes de nuestra propia naturaleza individual, y que no pueden ser consideradas propiamente restricciones, puesto que no se trata de leyes impuestas por un legislador externo, ya se halle a la par o por encima de nosotros, sino que son inmanentes e inherentes a nosotros mismos, constituyendo la propia base de nuestro ser material, intelectual y moral: no nos limitan sino que son las condiciones reales e inmediatas de nuestra libertad”.<br />
¿A qué sabe?<br />
¿A qué huele?<br />
¿Utopía?<br />
¿Realidad Posible?<br />
En su ataque contra el derecho al control privado o burocrático de los medios de producción, el anarquista se coloca junto a aquellos que luchan por alcanzar “la tercera y última fase emancipadora de la historia”<br />
La primera hizo de los esclavos siervos. La segunda hizo de los siervos gente que gana un salario. La tercera, en un acto último de liberación, pondrá el control de la economía en manos de asociaciones libres y voluntarias de productores. (Fourier).</p>
<p><strong><span style="color: #888888;"> </span></strong><strong><span style="color: #888888;"><br />
</span></strong></p>
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