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	<title>oHjas sueltasS</title>
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	<description>Es una revista de divulgación principalmente universitaria, abierta a la participación de cualquier persona que lo desee.</description>
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		<title>Si ya lo dicen hasta en carnavales</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Mar 2011 14:18:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[En días sueltoss]]></category>

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		<description><![CDATA[A algunos de los participantes en este proyecto nos gusta tantísimo el carnaval que somos capaces de compararlos con la literatura y es entonces cuando nos resulta curioso que en la literatura oral hablen de literatura escrita. Nos parece metaliteratura carnavalesca.
Esto es lo que les dejamos hoy, un pasodoble de Ricas y maduras, primer premio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">A algunos de los participantes en este proyecto nos gusta tantísimo el carnaval que somos capaces de compararlos con la literatura y es entonces cuando nos resulta curioso que en la literatura oral hablen de literatura escrita. Nos parece metaliteratura carnavalesca.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto es lo que les dejamos hoy, un pasodoble de <em>Ricas y maduras</em>, primer premio en el concurso de Cádiz, sobre los libros:</p>
<p><iframe title="YouTube video player" width="450" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/nshSdCSc-s0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
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		<title>Yo persigo una forma</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Mar 2011 13:39:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[En días sueltoss]]></category>

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		<description><![CDATA[A los autores de Ohjas Sueltass nos da a veces por autores y, en este caso, a mí me ha dado por Rubén Darío. Aquí dejo uno de sus poemas publicado en Prosas profanas dentro de la sección Las ánforas de epicuro:
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">A los autores de Ohjas Sueltass nos da a veces por autores y, en este caso, a mí me ha dado por <strong>Rubén Darío</strong>. Aquí dejo uno de sus poemas publicado en <em>Prosas profanas </em>dentro de la sección <em>Las ánforas de epicuro</em>:</p>
<p style="text-align: center;">Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,<br />
botón de pensamiento que busca ser la rosa;<br />
se anuncia con un beso que en mis labios se posa<br />
el abrazo imposible de la Venus de Milo.</p>
<p style="text-align: center;">Adornan verdes palmas el blanco peristilo;<br />
los astros me han predicho la visión de la Diosa;<br />
y en mi alma reposa la luz como reposa<br />
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.</p>
<p style="text-align: center;">Y no hallo sino la palabra que huye,<br />
la iniciación melódica que de la flauta fluye<br />
y la barca del sueño que en el espacio boga;</p>
<p style="text-align: center;">y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,<br />
el sollozo continuo del chorro de la fuente<br />
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.</p>
<p style="text-align: right;">Rubén Darío, 1900</p>
<p style="text-align: left;">Otro día contaremos un poco de su vida y de su obra. Interesante personaje literario Rubén Darío.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El privilegio de crear</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Mar 2011 11:02:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[En días sueltoss]]></category>

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		<description><![CDATA[Coloco aquí este post de José Antonio Pérez, extraído de su blog Mi mesa cojea:
Mi  madre era agente de aduanas y mi padre regentaba un videoclub. Ahora  ambos están jubilados. En mi niñez y adolescencia asistí a dos crisis  sectoriales, una detrás de otra: la apertura de las fronteras  mercantiles europeas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Coloco aquí este post de José Antonio Pérez, extraído de su blog <a href="http://www.mimesacojea.com">Mi mesa cojea</a>:</p>
<div style="text-align: justify;"><em>Mi  madre era agente de aduanas y mi padre regentaba un videoclub. Ahora  ambos están jubilados. En mi niñez y adolescencia asistí a dos crisis  sectoriales, una detrás de otra: la apertura de las fronteras  mercantiles europeas (que afectaba directamente al sector aduanero) y el  declive del video. No fueron crisis pasajeras; ni volverían a Europa  las rígidas aduanas del pasado ni volvería el esplendor del VHS. Así que  mis padres tuvieron que reinventarse.</em></div>
<div style="text-align: justify;"><em><br />
</em></div>
<p style="text-align: justify;"><em>Yo  tengo la suerte de trabajar en eso que llaman industria cultural. Y soy  socio de SGAE. Cuando empecé a trabajar como guionista, hace unos diez  años, alguien me dijo que debía asociarme, que todos los guionistas  estaban asociados. Desde entonces, de cuando en cuando, recibo un  ingreso por alguna de las obras que escribo para las grandes productoras  de este país. Sin embargo, con el paso del tiempo, lo de SGAE me ha ido  pareciendo cada vez más extraño.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Veréis,  cuando uno escribe un guión, acuerda un pago con la productora en un  proceso idéntico al que sigue cualquier proveedor en cualquier  industria. Y cuando el trabajo se entrega, se cobra. Punto. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>¿Punto?  Pues no. Porque los trabajadores de la cultura tenemos ciertos  privilegios. Por ejemplo, cobramos por la difusión de nuestra obra. ¿Y  eso por qué? Porque somos creadores. Somos seres sensibles que ponemos  nuestra sangre y nuestro sudor sobre el papel, sobre las tablas,  quemamos con nuestra alma el celuloide (o el disco duro, depende de cómo  ruedes). Los creadores tenemos un universo moral que el resto no puede  comprender, y eso nos hace merecedores de esas monedas de plata que  recauda SGAE en nuestro nombre cuando se vende un disco o un libro,  cuando una tele exhibe una película o cuando veinte jubiladas  representan <em>La Casa de Bernarda Alba</em> en la sala de cultura de su pueblo. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Cuando La 2 me encargó <em><a href="http://www.rtve.es/television/ciudad-k/">Ciudad K</a></em> me puse en contacto con <a href="http://www.enriquedans.com/">Enrique Dans</a>. Quería que la serie fuese <em>creative commons</em>,  pero no tenía ni idea de cómo hacerlo. Dans tuvo la amabilidad de  guiarme en ese terreno y yo intenté convencer a la gente de TVE. No fue  posible por diversas circunstancias (que no vienen al caso), aunque  conseguí que en TVE tuvieran constancia de mi deseo y, al menos, se  interesaran por eso tan raro del creative commons. Desconozco si fui el  primer autor de una serie que puso esa idea sobre la mesa, pero estoy  convencido de que no seré el último. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>No  me siento cómodo con la etiqueta de creador ni con la de internauta.  Buena parte de mis trabajos los he conseguido gracias a la red. Muchos  han sido por este blog, cuyo contenido es <em>creative commons</em>. <em><a href="http://escepticosetb.blip.tv/">Escépticos</a></em>,  por ejemplo, ha tenido más espectadores en Internet que en televisión, y  gracias a esa difusión, me han ofrecido nuevos trabajos. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Dice  la ministra de Cultura y muchos otros que sin los derechos de autor  habría menos creadores. Lo que supongo que quiere decir es que habría  menos creadores ricos. Y, francamente, eso no me parece un problema. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Ser un creador no es un privilegio. El privilegio es crear.</em></p>
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		<title>Colinas como elefantes blancos</title>
		<link>http://www.ohjassueltass.com/2011/02/colinas-como-elefantes-blancos/</link>
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		<pubDate>Mon, 21 Feb 2011 21:52:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[En días sueltoss]]></category>

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		<description><![CDATA[El cuarto número se resiste. Hace exactamente un año que debería haber salido, pero cosas de la burocracia y sus micromundos…se alarga y se alarga y te cansa y te aburre y llega un momento que tienes que decidir si la espera merece la pena. Y sí merece la pena. Dentro de aproximadamente un mes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>El cuarto número se resiste. Hace exactamente un año que debería haber salido, pero cosas de la burocracia y sus micromundos…se alarga y se alarga y te cansa y te aburre y llega un momento que tienes que decidir si la espera merece la pena. Y sí merece la pena. Dentro de aproximadamente un mes saldrá en siguiente número. </em></strong></p>
<p><strong><em> En los sucesivos meses iremos colgando (entre otras muchas cosas) reseñas, textos… relacionados con autores del primer tercio del siglo XX, las Vanguardias Históricas. Tema principal del quinto número, que saldrá… es difícil saberlo, pero saldrá.</em></strong></p>
<p><strong><em> El siguiente es un cuento de Hemingway y su témpano de hielo. Un cuento perfecto. Esperamos que disfruten.</em></strong></p>
<p><strong><em><br />
</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>COLINAS COMO ELEFANTES BLANCOS</em></strong></p>
<p><strong><em><br />
<strong>Ernest Hemingway</strong></em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><em><br />
Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El americano y la muchacha que iba con él tomaron asiento a una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid.<br />
—¿Qué tomamos? —preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa.<br />
—Hace calor —dijo el hombre.<br />
—Tomemos cerveza.<br />
—Dos cervezas —dijo el hombre hacia la cortina.<br />
—¿Grandes? —preguntó una mujer desde el umbral.<br />
—Sí. Dos grandes.<br />
La mujer trajo dos tarros de cerveza y dos portavasos de fieltro. Puso en la mesa los portavasos y los tarros y miró al hombre y a la muchacha. La muchacha miraba la hilera de colinas. Eran blancas bajo el sol y el campo estaba pardo y seco.<br />
—Parecen elefantes blancos —dijo.<br />
—Nunca he visto uno —. El hombre bebió su cerveza.<br />
—No, claro que no.<br />
—Nada de claro —dijo el hombre—. Bien podría haberlo visto.<br />
La muchacha miró la cortina de cuentas.<br />
—Tiene algo pintado —dijo—. ¿Qué dice?<br />
—Anís del Toro. Es una bebida.<br />
—¿Podríamos probarla?<br />
—Oiga —llamó el hombre a través de la cortina.<br />
La mujer salió del bar.<br />
—Cuatro reales.<br />
—Queremos dos de Anís del Toro.<br />
—¿Con agua?<br />
—¿Lo quieres con agua?<br />
—No sé —dijo la muchacha—. ¿Sabe bien con agua?<br />
—No sabe mal.<br />
—¿Los quieren con agua? —preguntó la mujer.<br />
—Sí, con agua.<br />
—Sabe a orozuz —dijo la muchacha y dejó el vaso.<br />
—Así pasa con todo.<br />
—Si dijo la muchacha—- Todo sabe a orozuz. Especialmente las cosas que uno ha esperado tanto tiempo, como el ajenjo.<br />
—Oh, basta ya.<br />
—Tú empezaste —dijo la muchacha—. Yo me divertía. Pasaba un buen rato.<br />
—Bien, tratemos de pasar un buen rato.<br />
—De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente?<br />
—Fue ocurrente.<br />
—Quise probar esta bebida. Eso es todo lo que hacemos, ¿no? ¿Mirar cosas y probar bebidas?<br />
—Supongo.<br />
La muchacha contempló las colinas.<br />
—Son preciosas colinas —dijo—. En realidad no parecen elefantes blancos. Sólo me refería al color de su piel entre los árboles.<br />
—¿Tomamos otro trago?<br />
—De acuerdo.<br />
El viento cálido empujaba contra la mesa la cortina de cuentas.<br />
—La cerveza está buena y fresca —dijo el hombre.<br />
—Es preciosa —dijo la muchacha.<br />
—En realidad se trata de una operación muy sencilla, Jig —dijo el hombre—. En realidad no es una operación.<br />
La muchacha miró el piso donde descansaban las patas de la mesa.<br />
—Yo sé que no te va a afectar, Jig. En realidad no es nada. Sólo es para que entre el aire.<br />
La muchacha no dijo nada.<br />
—Yo iré contigo y estaré contigo todo el tiempo. Sólo dejan que entre el aire y luego todo es perfectamente natural.<br />
—¿Y qué haremos después?<br />
—Estaremos bien después. Igual que como estábamos.<br />
—¿Qué te hace pensarlo?<br />
—Eso es lo único que nos molesta. Es lo único que nos hace infelices.<br />
La muchacha miró la cortina de cuentas, extendió la mano y tomó dos de las sartas.<br />
—Y piensas que estaremos bien y seremos felices.<br />
—Lo sé. No debes tener miedo. Conozco mucha gente que lo ha hecho.<br />
—Yo también —dijo la muchacha—. Y después todos fueron tan felices.<br />
—Bueno —dijo el hombre—, si no quieres no estás obligada. Yo no te obligaría si no quisieras. Pero sé que es perfectamente sencillo.<br />
—¿Y tú de veras quieres?<br />
—Pienso que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si en realidad no quieres.<br />
—Y si lo hago, ¿serás feliz y las cosas serán como eran y me querrás?<br />
—Te quiero. Tú sabes que te quiero.<br />
—Sí, pero si lo hago, ¿volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos?<br />
—Me encantará. Me encanta, pero en estos momentos no puedo disfrutarlo. Ya sabes cómo me pongo cuando me preocupo.<br />
—Si lo hago, ¿nunca volverás a preocuparte?<br />
—No me preocupará que lo hagas, porque es perfectamente sencillo.<br />
—Entonces lo haré. Porque yo no me importo.<br />
—¿Qué quieres decir?<br />
—Yo no me importo.<br />
—Bueno, pues a mí sí me importas.<br />
—Ah, sí. Pero yo no me importo. Y lo haré y luego todo será magnífico.<br />
—No quiero que lo hagas si te sientes así.<br />
La muchacha se puso en pie y caminó hasta el extremo de la estación. Allá, del otro lado, había campos de grano y árboles a lo largo de las riberas del Ebro. Muy lejos, más allá del río, había montañas. La sombra de una nube cruzaba el campo de grano y la muchacha vio el río entre los árboles.<br />
—Y podríamos tener todo esto —dijo—. Y podríamos tenerlo todo y cada día lo hacemos más imposible.<br />
—¿Qué dijiste?<br />
—Dije que podríamos tenerlo todo.<br />
—Podemos tenerlo todo.<br />
—No, no podemos.<br />
—Podemos tener todo el mundo.<br />
—No, no podemos.<br />
—Podemos ir adondequiera.<br />
—No, no podemos. Ya no es nuestro.<br />
—Es nuestro.<br />
—No, ya no. Y una vez que te lo quitan, nunca lo recobras.<br />
—Pero no nos los han quitado.<br />
—Ya veremos tarde o temprano.<br />
—Vuelve a la sombra —dijo él—. No debes sentirte así.<br />
—No me siento de ningún modo —dijo la muchacha—. Nada más sé cosas.<br />
—No quiero que hagas nada que no quieras hacer…<br />
—Ni que no sea por mi bien —dijo ella—. Ya sé. ¿Tomamos otra cerveza?<br />
—Bueno. Pero tienes que darte cuenta…<br />
—Me doy cuenta —dijo la muchacha. ¿No podríamos callarnos un poco?<br />
Se sentaron a la mesa y la muchacha miró las colinas en el lado seco del valle y el hombre la miró a ella y miró la mesa.<br />
—Tienes que darte cuenta —dijo— que no quiero que lo hagas si tú no quieres. Estoy perfectamente dispuesto a dar el paso si algo significa para ti.<br />
—¿No significa nada para ti? Hallaríamos manera.<br />
—Claro que significa. Pero no quiero a nadie más que a ti. No quiero que nadie se interponga. Y sé que es perfectamente sencillo.<br />
—Sí, sabes que es perfectamente sencillo.<br />
—Está bien que digas eso, pero en verdad lo sé.<br />
—¿Querrías hacer algo por mi?<br />
—Yo haría cualquier cosa por ti.<br />
—¿Querrías por favor por favor por favor por favor callarte la boca?<br />
El no dijo nada y miró las maletas arrimadas a la pared de la estación. Tenían etiquetas de todos los hoteles donde habían pasado la noche.<br />
—Pero no quiero que lo hagas —dijo—, no me importa en absoluto.<br />
—Voy a gritar —dijo la muchacha.<br />
La mujer salió de la cortina con dos tarros de cerveza y los puso en los húmedos portavasos de fieltro.<br />
—El tren llega en cinco minutos —dijo.<br />
—¿Qué dijo? —preguntó la muchacha.<br />
—Que el tren llega en cinco minutos.<br />
La muchacha dirigió a la mujer una vívida sonrisa de agradecimiento.<br />
—Iré llevando las maletas al otro lado de la estación —dijo el hombre. Ella le sonrió.<br />
—De acuerdo. Ven luego a que terminemos la cerveza.<br />
El recogió las dos pesadas maletas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró a la distancia pero no vio el tren. De regresó cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren se hallaba bebiendo. Tomó un anís en la barra y miró a la gente. Todos esperaban razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de cuentas. La muchacha estaba sentada y le sonrió.<br />
—¿Te sientes mejor? —preguntó él.<br />
—Me siento muy bien —dijo ella—. No me pasa nada. Me siento muy bien.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Autor: Ernest Hemingway</em></p>
<p><em>Título: Cuentos</em></p>
<p><em>Editorial: Debolsillo</em></p>
<p><em>ISBN: 978-84-8346-743-5 </em></p>
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		<title>William Faulkner: Discurso de aceptación del Premio Nóbel de Literatura</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Feb 2011 19:17:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[

Siento que este premio me ha sido otorgado, no a mí como persona, sino a mi trabajo: a una vida de trabajo en la agonía y el sudor del espíritu humano, no en procura de gloria y menos aún de dinero, sino de crear, a partir de los materiales del espíritu humano, algo que no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.ohjassueltass.com/wp-content/images2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-532" title="images" src="http://www.ohjassueltass.com/wp-content/images2.jpg" alt="" width="174" height="216" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: normal;">Siento que este premio me ha sido otorgado, no a mí como persona, sino a mi trabajo: a una vida de trabajo en la agonía y el sudor del espíritu humano, no en procura de gloria y menos aún de dinero, sino de crear, a partir de los materiales del espíritu humano, algo que no existía antes. Por eso, no soy más que un guardián de este premio. A su parte representada en dinero no será difícil encontrarle una destinación acorde con el propósito y el significado que le dan origen. Pero querría hacer lo mismo con el reconocimiento, usando este momento como un pináculo desde donde me escuchen los hombres y las mujeres jóvenes que ya están dedicados a las mismas angustias y tribulaciones que yo, entre quienes está aquél que algún día ocupará el mismo lugar que ocupo ahora.<br />
</span>Nuestra tragedia de hoy es un miedo físico general y universal tan largamente padecido, que a duras penas lo podemos soportar. Ya no quedan problemas del espíritu; tan sólo una pregunta: ¿Cuándo seré aniquilado? Es por eso que el hombre o la mujer joven que escribe actualmente ha olvidado los problemas del corazón humano en conflicto consigo mismo, que solos bastarían para producir buena escritura porque son lo único sobre lo cual vale la pena escribir, lo único que justifica la agonía y el sudor. Debe aprenderlos de nuevo. Debe enseñarse a sí mismo que lo más despreciable de todo es tener miedo; y una vez aprendido, olvidarlo para siempre sin dejar espacio en su taller para nada distinto de las verdades y certezas del corazón, de las verdades universales sin las cuales cualquier relato es efímero y fatal: el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión, el sacrificio. Mientras no lo haga, su trabajo está bajo maldición. No escribe sobre amor sino sobre lujuria, sobre derrotas en las que nadie pierde nada valioso, sobre victorias sin esperanza y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Su dolor no llora sobre fibras universales y no deja huella. No escribe con el corazón; escribe con las glándulas.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras no aprenda estas cosas, escribirá como si estuviera viendo el final del hombre e inmerso en él. Me rehúso a aceptar el fin del hombre. Es demasiado fácil decir que el hombre es inmortal simplemente porque permanecerá; que cuando repique y se desvanezca el último campanazo del Apocalipsis con la última piedra insignificante que cuelgue inmóvil en la agonía del fulgor del último anochecer, que incluso entonces se oirá un sonido: el de su voz débil e inagotable, que seguirá hablando. Me niego a aceptarlo. Creo que el hombre no sólo perdurará, prevalecerá. Es inmortal, no por ser el único entre todas las criaturas que posee una voz inagotable, sino porque tiene un alma, un espíritu capaz de compasión y sacrificio y fortaleza. El deber del poeta, del escritor, es escribir sobre estas cosas. Tiene el privilegio de ayudar al hombre a resistir aligerándole el corazón, recordándole el coraje, el honor, la esperanza, el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio que han enaltecido su pasado. La voz del poeta no debe ser solamente el recuerdo del hombre, también puede ser su sostén, el pilar que lo ayude a resistir y a prevalecer.contradictorios del corazón humano, que por sí solos pueden ser tema de buena escritura porque son lo único sobre lo cual vale la pena escribir, lo único que justifica la agonía y el sudor. Debe aprenderlos de nuevo. Debe enseñarse a sí mismo que lo más despreciable de todo es tener miedo; y una vez aprendido, olvidarlo para siempre sin dejar espacio en su taller para nada distinto de las verdades y certezas del corazón, de las verdades universales sin las cuales cualquier relato es efímero y fatal: el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión, el sacrificio. Mientras no lo haga, su trabajo está bajo maldición. No escribe sobre amor sino sobre lujuria, sobre derrotas en las que nadie pierde nada valioso, sobre victorias sin esperanza y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Su dolor no llora sobre fibras universales y no deja huella. No escribe con el corazón; escribe con las glándulas. Mientras no aprenda estas cosas, escribirá como si estuviera viendo el final del hombre e inmerso en él. Me rehúso a aceptar el fin del hombre. Es demasiado fácil decir que el hombre es inmortal simplemente porque permanecerá; que cuando repique y se desvanezca el último campanazo del Apocalipsis con la última piedra insignificante que cuelgue inmóvil en la agonía del fulgor del último anochecer, que incluso entonces se oirá un sonido: el de su voz débil e inagotable, que seguirá hablando. Me niego a aceptarlo. Creo que el hombre no sólo perdurará, prevalecerá. Es inmortal, no por ser el único entre todas las criaturas que posee una voz inagotable, sino porque tiene un alma, un espíritu capaz de compasión y sacrificio y fortaleza. El deber del poeta, del escritor, es escribir sobre estas cosas. Tiene el privilegio de ayudar al hombre a resistir aligerándole el corazón, recordándole el coraje, el honor, la esperanza, el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio que han enaltecido su pasado. La voz del poeta no debe ser solamente el recuerdo del hombre, también puede ser su sostén, el pilar que lo ayude a resistir y a prevalecer.</p>
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		<title>BABEL</title>
		<link>http://www.ohjassueltass.com/2010/02/babel/</link>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2010 00:14:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álvaro González Fernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>
		<category><![CDATA[número 3]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre la costra fértil de un inmenso al tiempo que insignificante planeta, una gran ciudad hace sacrificio de un Dios en el que nunca creyó.
Son sus millones de peatones, los que, en su afán de dominio y poder, deciden recrear aquella imagen que ya en tiempos bíblicos se intentó conseguir.
Su anhelo por erigir tal construcción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-407"></span>Sobre la costra fértil de un inmenso al tiempo que insignificante planeta, una gran ciudad hace sacrificio de un Dios en el que nunca creyó.</p>
<p>Son sus millones de peatones, los que, en su afán de dominio y poder, deciden recrear aquella imagen que ya en tiempos bíblicos se intentó conseguir.</p>
<p>Su anhelo por erigir tal construcción que ascienda sobre un cielo oscuro a punto de caer sobre sus cabezas, nubla sus mentes. Se creen capaces.</p>
<p>Piedra sobre piedra, y esfuerzo unido así como distante, hace crecer poco a poco cuanto hasta ahora únicamente por sus mentes pululaba.</p>
<p>Llegado el momento de colocar el último de los ladrillos, ciegos en su egoísmo innato se funden en una batalla sobre nubes de algodón, para acabar derrotados, inmersos en una nube de polvo y ceniza.</p>
<p>El ojo impasible del Todopoderoso surge decepcionado de la nada en que fue enterrado, mas, arrepentido de la absoluta destrucción de Sodoma, hoy hace una excepción.</p>
<p>Un niño, que en su inocencia no conoció tales deseos de vanidad, y un hombre vago, que prefirió mirar desde abajo, tumbado en su butaca, el vano esfuerzo de tantos otros, son quienes ahora caminan de la mano sobre aquel montón de escombros de piedras y vanagloria que otros crearon.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\<br />
<strong>AMP.08</strong></span></p>
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		<title>MEDIAS NEGRAS</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 23:12:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[número 3]]></category>

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		<description><![CDATA[Sí, creo que aquella noche las llevaba negras y sin saber cómo ni por qué me vi sola en la barra de la nueva discoteca de moda. Eso sí, siempre al acecho; aunque luego me haga la acechada para no desgravar algún estúpido ego masculino con mis artes de mala fémina. Mirara a donde mirara [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-405"></span>Sí, creo que aquella noche las llevaba negras y sin saber cómo ni por qué me vi sola en la barra de la nueva discoteca de moda. Eso sí, siempre al acecho; aunque luego me haga la acechada para no desgravar algún estúpido ego masculino con mis artes de mala fémina. Mirara a donde mirara todos me resultaban cortados por la misma tijera, don juanes poco resabiados que parecieran tener un cartel en la frente “Soy un amasijo de olores entre JB con Red Bull y colonia baratita” de los que cuando ven a una mujer con mayúsculas no se les ocurre otra cosa que pedirte el Tuenti. Así que visto lo visto, me dispuse a pasar lo que quedaba de noche del sábado moviendo mi copa para mezclar bien el vodka con la lima, cuando de repente vi al fondo de la barra, lo que parecía ser el único hombre de toda la sala. Aunque sentado parecía alto, de complexión normal y una cara de chulazo digna de arañar en cualquier momento de lujurioso tormento. De repente Don Chulazo me mira y me sonríe. Otra en mi lugar hubiera metido la cabeza en el bolso y se lo hubiera contado a sus amigas dos tardes después, pero yo no; porque una, que es polaca, tiene una re-puta-ción que mantener y porque Don Chulazo me había sonreído sin rodeos ni miramientos. Me recoloqué las gemelas, y le guiñé un ojo. Se levantó del taburete y se dirigió a mí, cuando estaba lo suficiente cerca sacó la cartera y empezó a rebuscar hasta que sacó una moneda. Se aproximó a mi oído y habló “Si sale cara te arrancaré las medias en mi casa, si sale cruz en la tuya” lanzó la moneda al aire, viciado ya, y sobrevoló unos instantes nuestras cabezas para caer de nuevo en su mano. Salió cara y por primera vez me alegré de verle la cara a Juan Carlos porque me había dejado las camas sin hacer. Di mi último largo trago, y agarró mi mano con una delicadeza que escondía la fuerza bruta de mi Don Chulazo. Efectivamente me llevó a su casa, un pisito céntrico de estilo desenfadado, y en el que dos segundos después de cruzar la puerta me quitó las medias y las arrojó por la ventana. “Me encanta su descaro” pensé mientras me llevaba en volandas por toda la estancia, sin rumbo fijo, derribando todo el mobiliario. Palmeó varias veces mis caderas mientras farfullaba atropelladamente que quería azotarme. Se deshizo de mi sujetador con una mano mientras que con otra se quitaba la chupa. “Don Chulazo es un virtuoso” me decía a mí misma mordiéndome los labios, al imaginar lo que estaba a punto de acontecer. Se quitó los pantalones cual stripper y de repente sucedió lo inimaginable… su tamaño escrotal solo comparable con un mondadientes me asustó, estaba ante lo que popularmente conocido como un micropene. En un instante el atractivo sexual de mi Don Chulazo desapareció como antaño despareció Rumasa y me vi allí con cara de gilipollas sin saber cómo escapar de la situación sin hacer mella en su autoestima de hombre suficiente. Fingí un desmayo, un pequeño desvanecimiento; gracias a mis grandes dotes como actriz salí de allí como si me acabara de dar una lipotimia, no sin antes llamar a un taxi. Cuando salí del portal vi allí las medias tiradas en la acera y no pude más que reírme, al instante llegó el taxi. Y me alejé mientras miraba aquellas medias desparramadas en los adoquines, sabiendo que a partir de ese momento para mí “Chiquitita” sería algo más que una canción de ABBA.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\\\<br />
<strong>PRINCESA POLACA</strong></span></p>
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		<title>ERA YO</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 23:11:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La ciudad, apresada en su mundo de brumas y coches, se me asemejaba a un misterio de cemento y árboles; no paraba de caer lluvia torrencial, mantas y mantas de gruesas y largas gotas que estallaban contra el suelo mojándolo. La gente, encerrada en su casa, leía o veía la tele; yo, frente al ordenador [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-403"></span>La ciudad, apresada en su mundo de brumas y coches, se me asemejaba a un misterio de cemento y árboles; no paraba de caer lluvia torrencial, mantas y mantas de gruesas y largas gotas que estallaban contra el suelo mojándolo. La gente, encerrada en su casa, leía o veía la tele; yo, frente al ordenador era incapaz de hacer nada, echaba tanto de menos a mis amigos que el simple hecho de conectarme al ordenador se me hacía un mundo. Mi padre trabajaba para una empresa que lo había destinado hasta aquel lugar mojado y con olor a pesadumbre. Mi madre, siempre ciega y fiel, había decidido que lo siguiésemos por más que mi padre hubiese insistido en que no era necesario. Así que ahí estábamos, sin conocer a nadie, pasándolo mal y con pocas ganas de hacer nada. Pasaba el día en el instituto donde mi hermana mayor ya se había granjeado algunos amigos y amigas que la seguían a todas partes y la halagaban; yo, sin embargo, me sentaba al final de la clase, esperaba a que dijesen mi nombre al pasar lista y me quedaba allí, sentado, haciendo como que tomaba apuntes mientras miraba al profesor. Para colmo, no soy de esa gente extrovertida a la que no le cuesta nada hacer amigos, con un par de chistes se granjea amistades. No, imposible. Mi carácter tímido me hace retraído, un leve tartamudeo me impide abrirme. Ya me costó hablar el primer día de clase, cuando me hicieron levantarme y hablar de mí, de dónde venía, de mis aficiones, menos mal que el profesor se dio cuenta a tiempo de mi apuro y me sacó de él diciéndome que me sentase. La gente se quedó sorprendida al saber que me gustaba leer, que era muy aficionado y que me podía defender en cualquier conversación literaria de cierto nivel. El profesor me miró. No eres un caso muy común, dijo, con una leve sonrisa. Supongo que estaría orgulloso de mí sin conocerme. Nadie habló conmigo ese día, ni el graciosillo, un tipo delgado y alto que se creía ingenioso, y que copiaba los chistes de un humorista televisivo, pero él jugaba con ventaja: sus compañeros y compañeras- a las que hacía más gracia y se desternillaban con él-. Nunca he soportado que se hiciesen chistes a mi costa, y por culpa de uno de ellos tuve que sacar mi lado malévolo y responder. Dije algo que no recuerdo, solo que todo el mundo me miró, abrió la boca y se volvió. Creo que esa fue mi verdadera perdición. Nunca debía responder, es más, debería haberme reído, pero es que realmente me dolió. Creo que ahí rompí la barrera del ignorado y pasé a la del maltratado. Hay un límite para todo, yo lo sobrepasé contra uno de los pesos pesados, porque, como en casi todos los lados, también había una especie de estamentos que no debían violarse. A lo largo de los días, cuando las putadas se hacían soportables, como el pan de cada día, incluso se me olvidó la pregunta esa de ¿por qué a mí? Pues porque era yo, tan solo por eso, por haber hecho lo que (sé) algunos morían de ganas por hacer. Pasaron entonces del pobre Gabriel- un tipejo gordito, con gafas, bastante tímido- y fueron a por mí, planificando cada día para hacérmelo pasar como si fuese una gran mierda, un detritus vapuleado, sin sentimientos, sin conocimientos. No hay dolor, ahora ya no lo hay, porque he olvidado incluso qué es. Ahora, cuando todo está muy lejos- ni olvidado, ni curado, por supuesto- la retórica es lo único que consigue sacarme de las malditas pesadillas que me acechan aun cuando estoy despierto. Supongo que ya no es miedo, es algo más. Lo peor de todo no fueron los golpes, que dolían más o menos, sino las consecuencias, más que físicas, psicológicas, las que me hicieron entrar en un mar de dudas, cuestionándome hasta lo incuestionable. Movido por el olvido, la violencia, me convertí en una especie de fantasma en carne y hueso, un muerto vivo que no aguantó más de dos semanas el suplicio que no sabía muy bien por qué razón sufría.</p>
<p>Hay un momento en que te derrumbas, y ellos se sienten complacidos, pero lejos de parar intensifican su maldad, son como diablos deseosos de ver el sufrimiento, de sentirlo entre sus manos. Lo peor son las risas orgullosas que todavía hoy resuenan en mi cabeza, como ecos de algo que quiero olvidar y no puedo. Es una maldición de mi cerebro, permanente, que dejó secuelas invisibles, de esas que perduran por el tiempo y que, por más terapia psicológica que se aplique, no se cura. Hay cosas que permanecen en alguna parte de la memoria y que, cuando menos lo esperas, florecen, renacen, resucitan en forma de pesadillas, de recuerdos; y duelen como puñales.<br />
Cuando llegó la ayuda yo era una piltrafa de mí mismo. Alguien que vio una de las vejaciones a las que me veía sometido, fue a hablar con el Jefe de Estudios. Nunca supe quién fue. Pararon una de esas brutales palizas con las que vengaban mi insolencia, porque el director se acercaba con el Jefe de Estudios y dos profesores más. Cogieron a todos los chicos, creo que eran siete u ocho y los encerraron en una sala, a mí en otra con el orientador.</p>
<p>- Hemos llamado a tus padres, vienen para acá. ¿Desde cuándo te ocurre esto?</p>
<p>Quiso tocarme las heridas, pero no lo dejé, interpuse mi mano entre la suya y retiré la cara.</p>
<p>- Vamos, vamos, tranquilo.</p>
<p>No hablé mientras él me sermoneaba con los Derechos Humanos, el deber de habérselo dicho cuanto antes, la rapidez con la que se actúa ahora en estos casos. Él sabía que la mayoría de las cosas que me decía no eran verdad, pero si las creía no iba a ser yo quien despertara a aquel tipo. Pasó tiempo, no sé cuanto y mi madre sin llamar abrió la puerta. Como una furia fue a por el orientador le dijo:</p>
<p>- Se les va a caer el pelo.</p>
<p>Cuando llegué a casa comenzó el interrogatorio. Yo no quería hablar, no lo necesitaba. Durante aquel tiempo había estado callado, durmiendo mal por las noches a causa de los moratones que tenía en todo el cuerpo, de los golpes en la cabeza, de los dolores en los tobillos. En ese momento solo quería descansar, sentirme seguro, lo necesitaba con toda mi alma, lo deseaba. Pero no lo conseguí, tuve que someterme a la vergüenza de contar todas y cada una de las aberraciones a las que me vi sometido, vejado. Comencé como he comenzado esta que es mi historia, después me levanté la camiseta y mi madre contempló asombrada las heridas mal curadas, los golpes dados dos veces en el mismo sitio, la brutalidad humana en un cuerpo adolescente que no se atrevía a pedir clemencia por miedo a recibir más patadas, más puñetazos&#8230;</p>
<p>-¿Y por qué crees que te pegaban?- preguntó el psicólogo.</p>
<p>- No sé, doctor, quizás me lo merecía, a lo mejor era una prueba.</p>
<p>- Parece que no hemos adelantado nada. Nadie debe pegar a nadie.</p>
<p>- Ya, doctor.</p>
<p>- Bien. Para el viernes quisiera que me explicases algunas de las cosas que te hicieron. Prepárate para ello. Quiero que te conciencies, si crees que es mejor que me lo traigas escrito&#8230; o lo que quieras.</p>
<p>- Gracias, doctor- y se levantó.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\</span><br />
<strong><span style="color: #888888;">GENE GENIUS</span><br />
</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>NI QUE FUERA UN SUICIDIO LITERARIO</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 22:53:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
Esta madrugada
disparé al espejo donde
todas
mis mitades
confluían en el mismo vacío.
En ese vacío donde no encuentras
respuestas,
sólo interrogaciones.
Kafka me dio el arma,
yo sólo apreté el gatillo.
Terrible palpitar en la sien&#8230;
Sigo sintiendo vértigo.
\\\\\\\\\
MARÍA SANCHEZ

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-398"></span></p>
<p>Esta madrugada<br />
disparé al espejo donde<br />
todas<br />
mis mitades<br />
confluían en el mismo vacío.<br />
En ese vacío donde no encuentras<br />
respuestas,<br />
sólo interrogaciones.<br />
Kafka me dio el arma,<br />
yo sólo apreté el gatillo.<br />
Terrible palpitar en la sien&#8230;<br />
Sigo sintiendo vértigo.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\</span><br />
<strong><span style="color: #888888;">MARÍA SANCHEZ</span><br />
</strong></p>
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		<title>EL CAMINO AL AGUA</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 22:51:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Serrano Castro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El sonido de esta voz
es un juego en solitario
que no muere ni se pudre,
va y viene
constantemente
condenado
y vuelve a su precipicio,
es una huida entre la niebla
que adquiere su exacta dimensión
¿Hacia dónde conduce esta furia de ondas
este percutir en el silencio
qué traerá de nuevo
después de tanto oscilar desnudo
qué nueva promesa
qué declaración o sentencia
o palabra de amor
dibujará al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-396"></span>El sonido de esta voz<br />
es un juego en solitario<br />
que no muere ni se pudre,<br />
va y viene<br />
constantemente<br />
condenado<br />
y vuelve a su precipicio,<br />
es una huida entre la niebla<br />
que adquiere su exacta dimensión<br />
¿Hacia dónde conduce esta furia de ondas<br />
este percutir en el silencio<br />
qué traerá de nuevo<br />
después de tanto oscilar desnudo<br />
qué nueva promesa<br />
qué declaración o sentencia<br />
o palabra de amor<br />
dibujará al aire&#8230;?<br />
El sonido de esta voz<br />
es mi voz cuando pronuncio tu nombre<br />
y el día se estremece.</p>
<p><span style="color: #888888;"><br />
</span><strong><span style="color: #888888;"></span></strong></p>
]]></content:encoded>
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