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	<title>oHjas sueltasS &#187; 2 | El grito</title>
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	<description>Es una revista de divulgación principalmente universitaria, abierta a la participación de cualquier persona que lo desee.</description>
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		<title>BABEL</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2010 00:14:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álvaro González Fernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>
		<category><![CDATA[número 3]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre la costra fértil de un inmenso al tiempo que insignificante planeta, una gran ciudad hace sacrificio de un Dios en el que nunca creyó.
Son sus millones de peatones, los que, en su afán de dominio y poder, deciden recrear aquella imagen que ya en tiempos bíblicos se intentó conseguir.
Su anhelo por erigir tal construcción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-407"></span>Sobre la costra fértil de un inmenso al tiempo que insignificante planeta, una gran ciudad hace sacrificio de un Dios en el que nunca creyó.</p>
<p>Son sus millones de peatones, los que, en su afán de dominio y poder, deciden recrear aquella imagen que ya en tiempos bíblicos se intentó conseguir.</p>
<p>Su anhelo por erigir tal construcción que ascienda sobre un cielo oscuro a punto de caer sobre sus cabezas, nubla sus mentes. Se creen capaces.</p>
<p>Piedra sobre piedra, y esfuerzo unido así como distante, hace crecer poco a poco cuanto hasta ahora únicamente por sus mentes pululaba.</p>
<p>Llegado el momento de colocar el último de los ladrillos, ciegos en su egoísmo innato se funden en una batalla sobre nubes de algodón, para acabar derrotados, inmersos en una nube de polvo y ceniza.</p>
<p>El ojo impasible del Todopoderoso surge decepcionado de la nada en que fue enterrado, mas, arrepentido de la absoluta destrucción de Sodoma, hoy hace una excepción.</p>
<p>Un niño, que en su inocencia no conoció tales deseos de vanidad, y un hombre vago, que prefirió mirar desde abajo, tumbado en su butaca, el vano esfuerzo de tantos otros, son quienes ahora caminan de la mano sobre aquel montón de escombros de piedras y vanagloria que otros crearon.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\<br />
<strong>AMP.08</strong></span></p>
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		<title>MEDIAS NEGRAS</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 23:12:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>
		<category><![CDATA[número 3]]></category>

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		<description><![CDATA[Sí, creo que aquella noche las llevaba negras y sin saber cómo ni por qué me vi sola en la barra de la nueva discoteca de moda. Eso sí, siempre al acecho; aunque luego me haga la acechada para no desgravar algún estúpido ego masculino con mis artes de mala fémina. Mirara a donde mirara [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-405"></span>Sí, creo que aquella noche las llevaba negras y sin saber cómo ni por qué me vi sola en la barra de la nueva discoteca de moda. Eso sí, siempre al acecho; aunque luego me haga la acechada para no desgravar algún estúpido ego masculino con mis artes de mala fémina. Mirara a donde mirara todos me resultaban cortados por la misma tijera, don juanes poco resabiados que parecieran tener un cartel en la frente “Soy un amasijo de olores entre JB con Red Bull y colonia baratita” de los que cuando ven a una mujer con mayúsculas no se les ocurre otra cosa que pedirte el Tuenti. Así que visto lo visto, me dispuse a pasar lo que quedaba de noche del sábado moviendo mi copa para mezclar bien el vodka con la lima, cuando de repente vi al fondo de la barra, lo que parecía ser el único hombre de toda la sala. Aunque sentado parecía alto, de complexión normal y una cara de chulazo digna de arañar en cualquier momento de lujurioso tormento. De repente Don Chulazo me mira y me sonríe. Otra en mi lugar hubiera metido la cabeza en el bolso y se lo hubiera contado a sus amigas dos tardes después, pero yo no; porque una, que es polaca, tiene una re-puta-ción que mantener y porque Don Chulazo me había sonreído sin rodeos ni miramientos. Me recoloqué las gemelas, y le guiñé un ojo. Se levantó del taburete y se dirigió a mí, cuando estaba lo suficiente cerca sacó la cartera y empezó a rebuscar hasta que sacó una moneda. Se aproximó a mi oído y habló “Si sale cara te arrancaré las medias en mi casa, si sale cruz en la tuya” lanzó la moneda al aire, viciado ya, y sobrevoló unos instantes nuestras cabezas para caer de nuevo en su mano. Salió cara y por primera vez me alegré de verle la cara a Juan Carlos porque me había dejado las camas sin hacer. Di mi último largo trago, y agarró mi mano con una delicadeza que escondía la fuerza bruta de mi Don Chulazo. Efectivamente me llevó a su casa, un pisito céntrico de estilo desenfadado, y en el que dos segundos después de cruzar la puerta me quitó las medias y las arrojó por la ventana. “Me encanta su descaro” pensé mientras me llevaba en volandas por toda la estancia, sin rumbo fijo, derribando todo el mobiliario. Palmeó varias veces mis caderas mientras farfullaba atropelladamente que quería azotarme. Se deshizo de mi sujetador con una mano mientras que con otra se quitaba la chupa. “Don Chulazo es un virtuoso” me decía a mí misma mordiéndome los labios, al imaginar lo que estaba a punto de acontecer. Se quitó los pantalones cual stripper y de repente sucedió lo inimaginable… su tamaño escrotal solo comparable con un mondadientes me asustó, estaba ante lo que popularmente conocido como un micropene. En un instante el atractivo sexual de mi Don Chulazo desapareció como antaño despareció Rumasa y me vi allí con cara de gilipollas sin saber cómo escapar de la situación sin hacer mella en su autoestima de hombre suficiente. Fingí un desmayo, un pequeño desvanecimiento; gracias a mis grandes dotes como actriz salí de allí como si me acabara de dar una lipotimia, no sin antes llamar a un taxi. Cuando salí del portal vi allí las medias tiradas en la acera y no pude más que reírme, al instante llegó el taxi. Y me alejé mientras miraba aquellas medias desparramadas en los adoquines, sabiendo que a partir de ese momento para mí “Chiquitita” sería algo más que una canción de ABBA.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\\\<br />
<strong>PRINCESA POLACA</strong></span></p>
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		<title>ERA YO</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 23:11:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[La ciudad, apresada en su mundo de brumas y coches, se me asemejaba a un misterio de cemento y árboles; no paraba de caer lluvia torrencial, mantas y mantas de gruesas y largas gotas que estallaban contra el suelo mojándolo. La gente, encerrada en su casa, leía o veía la tele; yo, frente al ordenador [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-403"></span>La ciudad, apresada en su mundo de brumas y coches, se me asemejaba a un misterio de cemento y árboles; no paraba de caer lluvia torrencial, mantas y mantas de gruesas y largas gotas que estallaban contra el suelo mojándolo. La gente, encerrada en su casa, leía o veía la tele; yo, frente al ordenador era incapaz de hacer nada, echaba tanto de menos a mis amigos que el simple hecho de conectarme al ordenador se me hacía un mundo. Mi padre trabajaba para una empresa que lo había destinado hasta aquel lugar mojado y con olor a pesadumbre. Mi madre, siempre ciega y fiel, había decidido que lo siguiésemos por más que mi padre hubiese insistido en que no era necesario. Así que ahí estábamos, sin conocer a nadie, pasándolo mal y con pocas ganas de hacer nada. Pasaba el día en el instituto donde mi hermana mayor ya se había granjeado algunos amigos y amigas que la seguían a todas partes y la halagaban; yo, sin embargo, me sentaba al final de la clase, esperaba a que dijesen mi nombre al pasar lista y me quedaba allí, sentado, haciendo como que tomaba apuntes mientras miraba al profesor. Para colmo, no soy de esa gente extrovertida a la que no le cuesta nada hacer amigos, con un par de chistes se granjea amistades. No, imposible. Mi carácter tímido me hace retraído, un leve tartamudeo me impide abrirme. Ya me costó hablar el primer día de clase, cuando me hicieron levantarme y hablar de mí, de dónde venía, de mis aficiones, menos mal que el profesor se dio cuenta a tiempo de mi apuro y me sacó de él diciéndome que me sentase. La gente se quedó sorprendida al saber que me gustaba leer, que era muy aficionado y que me podía defender en cualquier conversación literaria de cierto nivel. El profesor me miró. No eres un caso muy común, dijo, con una leve sonrisa. Supongo que estaría orgulloso de mí sin conocerme. Nadie habló conmigo ese día, ni el graciosillo, un tipo delgado y alto que se creía ingenioso, y que copiaba los chistes de un humorista televisivo, pero él jugaba con ventaja: sus compañeros y compañeras- a las que hacía más gracia y se desternillaban con él-. Nunca he soportado que se hiciesen chistes a mi costa, y por culpa de uno de ellos tuve que sacar mi lado malévolo y responder. Dije algo que no recuerdo, solo que todo el mundo me miró, abrió la boca y se volvió. Creo que esa fue mi verdadera perdición. Nunca debía responder, es más, debería haberme reído, pero es que realmente me dolió. Creo que ahí rompí la barrera del ignorado y pasé a la del maltratado. Hay un límite para todo, yo lo sobrepasé contra uno de los pesos pesados, porque, como en casi todos los lados, también había una especie de estamentos que no debían violarse. A lo largo de los días, cuando las putadas se hacían soportables, como el pan de cada día, incluso se me olvidó la pregunta esa de ¿por qué a mí? Pues porque era yo, tan solo por eso, por haber hecho lo que (sé) algunos morían de ganas por hacer. Pasaron entonces del pobre Gabriel- un tipejo gordito, con gafas, bastante tímido- y fueron a por mí, planificando cada día para hacérmelo pasar como si fuese una gran mierda, un detritus vapuleado, sin sentimientos, sin conocimientos. No hay dolor, ahora ya no lo hay, porque he olvidado incluso qué es. Ahora, cuando todo está muy lejos- ni olvidado, ni curado, por supuesto- la retórica es lo único que consigue sacarme de las malditas pesadillas que me acechan aun cuando estoy despierto. Supongo que ya no es miedo, es algo más. Lo peor de todo no fueron los golpes, que dolían más o menos, sino las consecuencias, más que físicas, psicológicas, las que me hicieron entrar en un mar de dudas, cuestionándome hasta lo incuestionable. Movido por el olvido, la violencia, me convertí en una especie de fantasma en carne y hueso, un muerto vivo que no aguantó más de dos semanas el suplicio que no sabía muy bien por qué razón sufría.</p>
<p>Hay un momento en que te derrumbas, y ellos se sienten complacidos, pero lejos de parar intensifican su maldad, son como diablos deseosos de ver el sufrimiento, de sentirlo entre sus manos. Lo peor son las risas orgullosas que todavía hoy resuenan en mi cabeza, como ecos de algo que quiero olvidar y no puedo. Es una maldición de mi cerebro, permanente, que dejó secuelas invisibles, de esas que perduran por el tiempo y que, por más terapia psicológica que se aplique, no se cura. Hay cosas que permanecen en alguna parte de la memoria y que, cuando menos lo esperas, florecen, renacen, resucitan en forma de pesadillas, de recuerdos; y duelen como puñales.<br />
Cuando llegó la ayuda yo era una piltrafa de mí mismo. Alguien que vio una de las vejaciones a las que me veía sometido, fue a hablar con el Jefe de Estudios. Nunca supe quién fue. Pararon una de esas brutales palizas con las que vengaban mi insolencia, porque el director se acercaba con el Jefe de Estudios y dos profesores más. Cogieron a todos los chicos, creo que eran siete u ocho y los encerraron en una sala, a mí en otra con el orientador.</p>
<p>- Hemos llamado a tus padres, vienen para acá. ¿Desde cuándo te ocurre esto?</p>
<p>Quiso tocarme las heridas, pero no lo dejé, interpuse mi mano entre la suya y retiré la cara.</p>
<p>- Vamos, vamos, tranquilo.</p>
<p>No hablé mientras él me sermoneaba con los Derechos Humanos, el deber de habérselo dicho cuanto antes, la rapidez con la que se actúa ahora en estos casos. Él sabía que la mayoría de las cosas que me decía no eran verdad, pero si las creía no iba a ser yo quien despertara a aquel tipo. Pasó tiempo, no sé cuanto y mi madre sin llamar abrió la puerta. Como una furia fue a por el orientador le dijo:</p>
<p>- Se les va a caer el pelo.</p>
<p>Cuando llegué a casa comenzó el interrogatorio. Yo no quería hablar, no lo necesitaba. Durante aquel tiempo había estado callado, durmiendo mal por las noches a causa de los moratones que tenía en todo el cuerpo, de los golpes en la cabeza, de los dolores en los tobillos. En ese momento solo quería descansar, sentirme seguro, lo necesitaba con toda mi alma, lo deseaba. Pero no lo conseguí, tuve que someterme a la vergüenza de contar todas y cada una de las aberraciones a las que me vi sometido, vejado. Comencé como he comenzado esta que es mi historia, después me levanté la camiseta y mi madre contempló asombrada las heridas mal curadas, los golpes dados dos veces en el mismo sitio, la brutalidad humana en un cuerpo adolescente que no se atrevía a pedir clemencia por miedo a recibir más patadas, más puñetazos&#8230;</p>
<p>-¿Y por qué crees que te pegaban?- preguntó el psicólogo.</p>
<p>- No sé, doctor, quizás me lo merecía, a lo mejor era una prueba.</p>
<p>- Parece que no hemos adelantado nada. Nadie debe pegar a nadie.</p>
<p>- Ya, doctor.</p>
<p>- Bien. Para el viernes quisiera que me explicases algunas de las cosas que te hicieron. Prepárate para ello. Quiero que te conciencies, si crees que es mejor que me lo traigas escrito&#8230; o lo que quieras.</p>
<p>- Gracias, doctor- y se levantó.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\</span><br />
<strong><span style="color: #888888;">GENE GENIUS</span><br />
</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>NI QUE FUERA UN SUICIDIO LITERARIO</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 22:53:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[
Esta madrugada
disparé al espejo donde
todas
mis mitades
confluían en el mismo vacío.
En ese vacío donde no encuentras
respuestas,
sólo interrogaciones.
Kafka me dio el arma,
yo sólo apreté el gatillo.
Terrible palpitar en la sien&#8230;
Sigo sintiendo vértigo.
\\\\\\\\\
MARÍA SANCHEZ

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-398"></span></p>
<p>Esta madrugada<br />
disparé al espejo donde<br />
todas<br />
mis mitades<br />
confluían en el mismo vacío.<br />
En ese vacío donde no encuentras<br />
respuestas,<br />
sólo interrogaciones.<br />
Kafka me dio el arma,<br />
yo sólo apreté el gatillo.<br />
Terrible palpitar en la sien&#8230;<br />
Sigo sintiendo vértigo.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\</span><br />
<strong><span style="color: #888888;">MARÍA SANCHEZ</span><br />
</strong></p>
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		<title>EL CAMINO AL AGUA</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 22:51:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Serrano Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[El sonido de esta voz
es un juego en solitario
que no muere ni se pudre,
va y viene
constantemente
condenado
y vuelve a su precipicio,
es una huida entre la niebla
que adquiere su exacta dimensión
¿Hacia dónde conduce esta furia de ondas
este percutir en el silencio
qué traerá de nuevo
después de tanto oscilar desnudo
qué nueva promesa
qué declaración o sentencia
o palabra de amor
dibujará al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-396"></span>El sonido de esta voz<br />
es un juego en solitario<br />
que no muere ni se pudre,<br />
va y viene<br />
constantemente<br />
condenado<br />
y vuelve a su precipicio,<br />
es una huida entre la niebla<br />
que adquiere su exacta dimensión<br />
¿Hacia dónde conduce esta furia de ondas<br />
este percutir en el silencio<br />
qué traerá de nuevo<br />
después de tanto oscilar desnudo<br />
qué nueva promesa<br />
qué declaración o sentencia<br />
o palabra de amor<br />
dibujará al aire&#8230;?<br />
El sonido de esta voz<br />
es mi voz cuando pronuncio tu nombre<br />
y el día se estremece.</p>
<p><span style="color: #888888;"><br />
</span><strong><span style="color: #888888;"></span></strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>A FUEGO</title>
		<link>http://www.ohjassueltass.com/2010/02/a-fuego/</link>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 22:49:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Victoria Partera</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[Unos versos descansan sobre tu cintura,
hijos de sábanas borrachas.
“Habitación 730, al fondo”
“ [No nos molesten,
que hoy venimos a pegarnos mariposas en el ombligo”.
Entre paredes ciegas y preguntas que colgamos a la puerta
se inicia un comercio con palabras despintadas.
Los huesos del cigarro sobre la mesa
piden ser enterrados en tierra santa,
las ropas caducan de nuestros cuerpos,
el verano [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-394"></span>Unos versos descansan sobre tu cintura,<br />
hijos de sábanas borrachas.<br />
“Habitación 730, al fondo”<br />
“ [No nos molesten,<br />
que hoy venimos a pegarnos mariposas en el ombligo”.<br />
Entre paredes ciegas y preguntas que colgamos a la puerta<br />
se inicia un comercio con palabras despintadas.<br />
Los huesos del cigarro sobre la mesa<br />
piden ser enterrados en tierra santa,<br />
las ropas caducan de nuestros cuerpos,<br />
el verano se me engancha a la entrepierna.<br />
[Anoche,<br />
un recuerdo en sepia<br />
quería convertirse en tirita,<br />
coser los retales de aquel día,<br />
descongelar los besos que guardé en la nevera.<br />
Me atrevo a mirarle la fecha de caducidad:<br />
“En estado de descomposición”.<br />
[Te lo dejaste abierto.<br />
Necesito llamarte al móvil,<br />
desatarle los cordones al tiempo<br />
y pensar que tal vez se desmaye el cielo.<br />
“Cariño, cómprame un final<br />
[barato<br />
no te olvides de borrar el principio<br />
que me hace falta papel<br />
[y hoy<br />
reciclo los folios de esta historia.</p>
<p><span style="color: #888888;"><br />
</span><strong><span style="color: #888888;"></span></strong></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Haci dün yanin dönün tutar</title>
		<link>http://www.ohjassueltass.com/2010/02/haci-du%cc%88n-yanin-donun-tutar/</link>
		<comments>http://www.ohjassueltass.com/2010/02/haci-du%cc%88n-yanin-donun-tutar/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 12:24:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ohjassueltass.com/?p=371</guid>
		<description><![CDATA[Siento un escalofrió en la curvatura de mi columna que me empuja hacia el suelo, me balanceo como un trasto desgastado, como un loco amordazado por camisas de fuerza inmunes…. el olor agrio y dulce de mi caverna se vuelve insoportable, quiero salir, volar, escapar, rastrear almas malditas… encontrarte, poseerte.
A menudo busco una grieta de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-371"></span>Siento un escalofrió en la curvatura de mi columna que me empuja hacia el suelo, me balanceo como un trasto desgastado, como un loco amordazado por camisas de fuerza inmunes…. el olor agrio y dulce de mi caverna se vuelve insoportable, quiero salir, volar, escapar, rastrear almas malditas… encontrarte, poseerte.</p>
<p>A menudo busco una grieta de luz que me calme la sed, pero ya me es insuficiente a la par de imposible extraer más de ahí. De mis manos salen garras y mi fuerza aumenta, se que puedo huir… tras aplicar fuerza cede un poco la gran piedra que prohíbe mi salida, pasar del mundo sensible al mundo de las ideas… ahora me creo con fuerzas de hacerlo, solo lo hago por ti…</p>
<p>Mis muñecas ejercen presión, el calor del sol ha calentado la piedra magmática, que quema formando pequeñas yagas en mis manos, pero no supone dificultad alguna, consigo moverla, consigo abrirla, lo suficiente como para pasar al otro lado…pero hay algo mucho más poderoso que no logro entender, superior a mi, superior a mi realidad, establecido sobre todo aquello preconcebido… procedente de una brisa que llega desde el cambiado mundo desde mi retiro… martillea mi cabeza que no dejo de agitar, el sonido de una locomotora que aumenta de velocidad se esconde entre mis sienes. No puedo salir, el aire de afuera me agobia, prefiero seguir aquí… nunca me gustó, mejor engañarme, tengo miedo de perderme, muchas sendas pude observar que partían desde mi punto de partida.<br />
Cierro… Cobarde<br />
&#8230;<br />
El sabor a colilla quemada me da arcadas… tendré que encender otro… Quizás esto me mate, pero por ahora me tranquiliza. Enciendo e inhalo… el humo que se reparte por mi cuerpo y me anestesia, como el bombardeo de una sangre renovadora después de eyacular… ya deje esta forma de evadirme, solo conseguía mayor frustración además de escozor…<br />
&#8230;</p>
<p>Como entretenimiento me gustaba mirar por la ventana. Un tópico, pero real. Podía ver gentes paseando, un viejo con mirada triste y baja, tal vez depresiva -no me entristecía-, o bien a una pareja de jóvenes disfrutando del primer amor, o bien al frutero de la esquina colocando las verduras en sus estantes sobre la acera, repostando -me gusta observar, me gustaba observarte-. Desde que se que Cronos te separó de mí solo veo calles vacías, aunque estén repletas de personas… solo puedo ver mi imagen borrosa y empañada por mi aliento, por el suspiro de anhelación, por mucho que golpee mis inservibles ojos con mis puños solo consigo hacerme daño, no puedo acabar con esta pesadilla, vuelvo a fijar mi vista en un punto fijo del exterior, pronto me vuelve la locura, el asfalto se vuelve mucho más oscuro, y las casas blancas se vuelven envejecidas, agrietadas, todo se encuentra en un ambiente poco definido, borroso, el cielo azul daña mi vista, incluso Helios parece estar en mi contra hiriendo mis ojos, cuando antes acariciaba mi rostro…colores primarios se tornan en blanco y negro. Efectos de la brisa.</p>
<p>Te tuve a pocos centímetros, solo un fino cristal y unas cortinas cerradas nos separaban del contacto intentando dibujar tu silueta que en mi imaginación me observaba. Absorta en tu trabajo no te dabas cuenta de que realmente estaba ahí para sentirte cerca, gimo cerrando los ojos y mi piel se eleva.</p>
<p>Yemas que rozan terciopelo de cristal, intercambio de llaves&#8230; un segundo que enternece toda mi parte física y psíquica&#8230; solo una mirada, solo un gesto que me diga que puedo seguir recorriéndote, rozando con pisada de hormiga ¿lo podría soportar? vuelve mi cobardía, cierro la puerta con despedida absurda para después seguir soñando, recoger una imagen que se queda grabada, dibujada, como el maestro que enseña las palabras, que te dice que pienses en ellas, que indagues en tu memoria para escribirlas bien, recorriendo cada signo, cada letra, creando un conjunto con error ortográfico, que en mi cabeza se recrea de forma idolatrada, fotografía inventada, dislexia.</p>
<p>Incertidumbre al nunca saber quién eres, qué quieres. Personalidad cambiante, ocultar algo que solo te difumina, no te recrea convirtiéndote en espectro&#8230; Si realmente no te importara nada dejarías pasar el viento frente a ti, y después de todo seguirás siendo la musa que me inspira, sólo estando solo&#8230; sin ti&#8230;</p>
<p>Sueños que se escapan de mis manos, intento tenerte… te busco en ellos… te tengo… te desvaneces y vuelvo a despertar, me desespera… Hay ocasiones en que te veo en mi habitación mirándome, como el gato que atacará al ratón, fiera que juega con su presa, mofándose, yo no me puedo mover… pero tampoco quiero despertar. Seguidamente abalanzándote sobre mí comienzas a descuartizarme y a devorar mis entrañas tal como ave carroñera… pero no quiero despertar…</p>
<p>…Recuerdo con sonrisa irónica cuando me decías que todo cambiaría a partir de ese momento, recuerdo mi miedo, como el corazón bombardeaba mi pecho al saborear el jugo destilado de tu boca envenenada, adornada por dos suntuosas hojas rojas de planta carnívora… no sabia que decir, tú tampoco me lo ponías fácil. Iluso al pensar que lo que me expresabas era verdad, se que no me querías, te vi llorar… apagar la luz, pides silencio… para imaginar que era alguien que no era… Jugaste conmigo y aún así te quiero.</p>
<p>Porque te quiero tanto te odio, te odio con tanta fuerza que no querría volver a percibir tu mancha. Sin embargo se que cada minuto que paso sin saber nada de ti me consumo…. Lentamente… como una barra de incienso humedecida, transformándote en el fuego que me transmuta en cenizas, que me susurra cristianizándose, aliento en ácido… pero no quiero despertar<br />
¿Porqué, medusa, me transformas en piedra sin necesidad de mirarme?, solo me queda, volviéndote la espalda, observarte fulgurada a través de mi escudo de espejo, imaginándome que me deseas si bien se que todo en la realidad es un reflejo contrario. Quizás algún día te marches al país de Nunca Jamás&#8230; o quizás tenga que hacerlo yo, yo soy el único culpable… y solo puedo dejar que pase el tiempo y que el peregrino mundo siga su camino.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\\\\\<br />
<strong>CHINO NEGRO</strong></span></p>
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		<title>Baile musical</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 12:04:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Victoria Partera</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[Era una habitación mal iluminada &#8211; lo común en cualquier pensión allí &#8211; pero lo suficientemente barata como para poder permitírsela. Aún recordaba el día que se la recomendó su amigo: se había negado en un principio a hospedarse en ese lugar, el olor nauseabundo que inundaba la estancia había sido el único recibimiento procurado. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-366"></span>Era una habitación mal iluminada &#8211; lo común en cualquier pensión allí &#8211; pero lo suficientemente barata como para poder permitírsela. Aún recordaba el día que se la recomendó su amigo: se había negado en un principio a hospedarse en ese lugar, el olor nauseabundo que inundaba la estancia había sido el único recibimiento procurado. La patrona se había limitado simplemente a darles las llaves y balbucear unas palabras tan inteligibles como le permitía el cigarro – siempre con el pitillo en la boca y esa toz resabiada que cada día se iba haciendo más pronunciada al igual que su ácido carácter – sin quitar la vista de la revista que andaba leyendo; ni siquiera se había preocupado por echarle un vistazo y analizar al supuesto nuevo inquilino. No obstante, mientras subía las viejas escaleras, había sentido su mirada &#8211; afilada &#8211; clavándosele en la nuca.<br />
Al final, se había visto obligado a aceptar aquella opción que, para ser sinceros, era la única. Nadie quería en sus hostales a un muchachito recién llegado a la ciudad, cargado de sueños y, en la maleta, lo incierto como polizón. Si esa era la alternativa que le quedaba para poder estar allí, no iba a despecharla por mucho que le costara acostumbrarse; con el tiempo descubriría que su suerte no era menos que la de otros muchos artistas.<br />
Escribió un nuevo símbolo sobre el papel y levantó la mirada… estaba demasiado cansado, el sueño comenzaba a hacer estragos y Morfeo poco a poco le iba arrebatando la vigilia para sumergirlo en el mundo de lo metafísico. Recorrió en unos segundos la habitación de mínimas proporciones: la cama con ese somier medio roto que había hecho al principio que se levantara todos los días como si le hubiera pasado por encima un tranvía, pero ya estaba acostumbrado, “a todo se acostumbra uno, desgraciadamente”; un armario carcomido por las polillas y el tiempo; la mesa y aquella caja conseguida en el mercado a modo de silla. Nada más, ni un cuadro, ni una fotografía, ni una cortina en la ventana…en su ventana. Era lo único que le gustaba de aquel lugar, ese diminuto huequecito al fondo desde donde podía apreciar las mejores vistas del barrio de Montmartre. Por las mañanas solía levantarse con los primeros rayos del sol &#8211; era una costumbre que se había visto obligado a tomar en la infancia, cuando viviera con sus padres; ir a trabajar codo con codo con el alba, y regresar a casa sintiéndose acompañado por el crepúsculo – y se quedaba allí un rato, de pie, observando cómo la ciudad iba bostezando perezosa y se disponía a hacer frente, un día más, a la vida cotidiana.<br />
Unas notas musicales bailan sobre el pentagrama, inacabado; no podía seguir. Mil metamorfosis, mil y un repasos, mil y dos… y vuelta a comenzar. Y nada.<br />
Al día siguiente se cumplía el plazo y no había conseguido siquiera clarificar la melodía definitiva. Había tratado de exprimir las notas, pero estas, como si pasado estuviera ya su tiempo de recolección, se negaban a aportar siquiera un mísero jugo.<br />
“Tranquilo, tranquilo. Aún hay tiempo, queda toda una noche por delante, seguro que sale algo” se repetía una y otra vez. Conseguiría despojar de sus plicas a aquellos símbolos, que sobre el papel parecían mofarse de él interpretando una danza abstracta y carente de sentido, y someterlas a su inspiración.<br />
(…)</p>
<p>Pasadas las tres de la madrugada el sueño fue haciendo cada vez más férrea su presencia. Los párpados jugaban a cerrársele, y cuanto más se esforzaba por mantenerlos abiertos, más oposición mostraban estos. “Duérmete, duérmete…” Parecían decirle con voz cantarina no falta de mofa. Y acabaron por conseguir su macabro propósito; desprovisto de alguna idea que le permitiera continuar, se dejó asediar por el sueño.<br />
(…)</p>
<p>Lo despertaron unos impacientes golpes en la puerta. Parecía irónico, no había conseguido encontrar compás en su partitura y en aquellos instantes su corazón bombeaba sangre al ritmo de esos rudos porrazos.<br />
Descorrió el cerrojo lo más lentamente posible, tratando de evitar el encontrarse cara a cara con la persona que detrás de la puerta estaba esperando. “Se acabó, me van a moler a palos. Me van a triturar los huesos hasta hacer polvo con ellos”. Tomó el pomo de la puerta que en un primer intento le resbaló a causa del sudor que poblaba sus manos, lo giró poco a poco, se sentía abriéndole la puerta a la muerte…</p>
<p><span style="color: #888888;"><strong> </strong></span></p>
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		<title>Tú eres el amor de mi vida</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 11:18:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[Apunté el día que la vi en una libreta que todavía conservo, fue el quince de mayo, un quince soleado, tibio; recuerdo como los rayos del sol daban levemente en su rostro, iluminándola como un ángel, me pidió la hora y yo le respondí,
me sonrió y me dio las gracias. La vi refugiarse entre el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-362"></span>Apunté el día que la vi en una libreta que todavía conservo, fue el quince de mayo, un quince soleado, tibio; recuerdo como los rayos del sol daban levemente en su rostro, iluminándola como un ángel, me pidió la hora y yo le respondí,<br />
me sonrió y me dio las gracias. La vi refugiarse entre el barullo de la hora punta, envolviéndose en el manto de la gente que no la apreciaba. Desapareció con su jersey blanco y sus vaqueros ajustados, su larga melena rubia, rizada, flotando al son de sus pasos. Maravillosa.<br />
Comencé a desear saber su nombre, el mismo deseo que sentía por su ser, su alma, su mente. Ella, imponente como una gran torre, bella como cualquier escultura griega, la Victoria de Samotracia sin alas y sin barco. Mármol puro su piel, blanca, pulida. De facciones marcadas, unos ojos verde claro en los me hundí como si fuese un mar profundo, unos labios carnosos, como dos bonitas balsas decoradas de brillo labial. Su nariz no era ni grande ni pequeña, ni demasiado fina. Era la perfección con caderas, con curvas.<br />
Una maldición para el hombre, algo inalcanzable, excepto para los pocos privilegiados que la habrían llevado a su cama para maltratarla, para mancillarla y después despreciarla como un trapo, como un pañuelo al que has usado demasiadas veces, o como un juguete del que te has cansado. Los hombres, impúdicos animales, dejándose llevar por la educación marchita y machista, había, seguro, deseado a mi nuevo ángel, al más bello ángel que paseaba por aquellas calles en dirección a ¿su trabajo?¿su casa?¿de compras? Tenía que averiguarlo.<br />
Me desperté temprano al día siguiente, me acicalé, falté al trabajo y me fui a la misma calle donde la había visto y allí la esperé, dos horas y media de reloj, de mi Rolex de imitación que aquel día me puse, como en todos los días especiales. La vi pasar a las once de la mañana, con una cartera en su mano derecha, la miré a los ojos, fue fugaz, y le pedí la hora. No llevo reloj, me dijo y sonrió. Me reconoció, pero no dijo nada para que la gente, toda aquella gente que andaba con prisas, no viese nuestro amor, la relación que comenzábamos en aquel momento, con una simple mirada, con un simple cruce de dos frases. La amaba con todo mi corazón porque el amor a veces es fugaz e instantáneo, como un segundo de mi Rolex. A veces los humanos somos<br />
tan imprevisibles que llegamos a perseguir al deseo por la calle, a ansiarlo de una manera tal que se hace casi insoportable. Obsesiona. No pude evitarlo y salí a correr tras ella, calle abajo, como loco, gritando: tú, tú, desgañitándome.<br />
Pero no la veía, la había perdido, sí, había desaparecido para siempre. Un coche me rozó la rodilla y caí, caí al suelo y no me pude levantar. Pronto acudieron a socorrerme, más tarde supe que me había dado un infarto, es decir, se me había parado el corazón porque mi amor se había ido.<br />
Pero ya no se irá más, ahora está aquí, conmigo, sentada en esa silla de ahí al lado. ¿Qué quieres mi amor? No, no me insultes, toma, toma un poquito de agua, pero no vayas a gritar, ¿verdad que no vas a gritar? Buena chica.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\\\\\</span><br />
<strong><span style="color: #888888;">GENE GENIUS</span></strong></p>
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		<title>HISTORIA DE UN FANTASMA</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Feb 2010 22:12:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Varios autores del Colectivo</dc:creator>
				<category><![CDATA[2 | El grito]]></category>

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		<description><![CDATA[- Muere.
Mi historia comienza un día de abril, a las nueve en punto de la mañana. Yo todavía estaba escribiendo una obra, que me tenía absorto y que, según pensaba, iba a ser la más importante de mi carrera. Noté como una sombra se escurría por la puerta del salón de mi casa.
Al despertarme, sentí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span id="more-343"></span>- Muere.</p>
<p>Mi historia comienza un día de abril, a las nueve en punto de la mañana. Yo todavía estaba escribiendo una obra, que me tenía absorto y que, según pensaba, iba a ser la más importante de mi carrera. Noté como una sombra se escurría por la puerta del salón de mi casa.</p>
<p>Al despertarme, sentí un tremendo dolor en la nuca. Me encontré amordazado y con un rostro respirándome en la cara.</p>
<p>- Permita que me presente- me dijo el extraño-, me llamo Pedro y lo admiro- Hizo una pausa-. He venido aquí para matarle.</p>
<p>- ¿Por qué?- dije con el corazón en un puño.</p>
<p>- Porque así será más famoso- me comentó y se le dibujó una sonrisa maliciosa en el rostro.</p>
<p>De pronto, sus ojos se inyectaron en sangre y sacó un cuchillo. Con él me hirió de muerte. Mientras perdía la visión, a lo lejos oí, o me pareció oír, como un jarrón se fragmentaba en mil pedazos.</p>
<p>Cuando descubrieron mi cuerpo un epitafio, de los muchos que me dedicaron, consiguió hacerme olvidar mi condición de fantasma:</p>
<p>“Poeta muerto en combate”.</p>
<p><span style="color: #888888;">\\\\\\\\\\\\\\\</span><br />
<strong><span style="color: #888888;">DANIEL LÓPEZ PEDRAJAS</span></strong></p>
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